Inédito

Inédito (2017)

MATERIAL INÉDITO
html descargado en 2017 de elcristoes.net


Material inédito directamente relacionado con la Obra de Josefa Rosalía Luque Álvarez (1893-1965) publicado en el sitio web de Sabino del Pino Galán.
Más información:

Volver a la página de inicio.


CONTENIDO

ARCHIVO DE LAS EDADES (2 capítulos)
(continuación a Orígenes de la Civilización Adámica, preludio a la vida de Krishna)

1. La Tabla Abydos
2. El país donde nace el sol

MANUSCRITOS DE MAMINA (6 capítulos)
(fragmentos cortos y variados, incluído un relato de la época de los Incas)

1. Misceláneas
2. Datos sobre la humanidad en Atlántida
3. Osiris
4. Constelación Agnus Dei
5. ¿Qué es la familia?
6. Incas – Perú

MENSAJES DE LOS MAESTROS (16 capítulos)
(canalizaciones no incluídas en Llave de Oro, recibidas por miembros de F.C.U.; incluye una parábola de Buda por Gamaliel, un mensaje de Francisco de Asís, uno de Nebai, etc.)

1. Una Parábola de Buda
2. Buscar a Dios dentro de nosotros mismos
3. Las barreras contra las que luchamos
4. El Apostolado
5. La diversidad compone una única melodía
6. El Amor que Redime
7. La Entrega al Amor
8. La Fuerza Espiritual
9. Las Pruebas del Camino Espiritual
10. Frases de Sabiduría
11. Negarnos a Nosotros Mismos
12. Vida Contemplativa y Unión con Dios
13. El Verbo
14. Ser Reflejos del Mensaje
15. Sembrar el Mensaje
16. Buscar la Sabiduría


ARCHIVO DE LAS EDADES

Pasaje primero:

LA TABLA ABYDOS

Al abrir los exploradores ingleses las entrañas de piedra de la famosa Esfinge, asentada como enorme bestia en la entrada al Valle del Nilo, encontraron una tabla de piedra incrustada en la roca viva, que un Escriba de nombre Abydos grabó por orden de Petik I, Faraón de la II dinastía de soberanos del antiguo Egipto, la cuál está conceptuada como lo más perfecto de la escritura en jeroglíficos de cuantas tablas se han encontrado en posteriores descubrimientos. (1).-

En la Tabla Abydos, de la que se conserva una copia en el más importante Museo de Londres, los orientalistas han descubierto que es un resumen de la leyenda bíblica sobre Adán y Eva que conocemos desde la infancia.

Pero en ella trata el asunto bajo el nombre de Adam-Mena I y dice así:

“Este Pharahome que estuvo glorificado en el Juicio de los Muertos, fue un prodigio desde su nacimiento. Nadie le conoció progenitores y se encontró solo en la selva montañosa de la costa del Mar Grande, que eran los sitios por donde vagaba Harpócrates –hermano desterrado de nuestro Dios Horus– y júzgase que lo engendró en algunas de las bellas Ondinas que lo visitaban en las noches de luna llena (2). Hijo del Dios Harpócrates, fundador de la primera dinastía de Faraones del Valle del Nilo, este es Adam-Mena I a quién su padre le dio por compañera en la adolescencia, una virgen núbil salida del seno del mar como un copo de espuma, y que fue Evana o Isha en nuestra lengua, que significa: mujer primera.

Ambos hijos de Harpócrates, Padre del Silencio por el significado de su nombre, silencio guardaron sobre su misterioso origen.

Fueron ellos los progenitores del primer hijo de dioses que encarnó en la Tierra, pero el Hijo llamado el sumiso, murió antes que ellos y Adam-Mena I reinó hasta su muerte, en que le sucedió su hijo segundo, Seth, con cuyos descendientes de la tercera generación terminó la Primera dinastía de Pharahomes del Nilo, fundada por Adam-Mena I e Isha su mujer, primera pareja humana que los dioses tutelares bajaron a la Tierra.”

(1): Este nombre Abydos que pertenecía al Visir de un Faraón de la II Dinastía, dio origen a la antiquísima ciudad prehistórica Abydos, pues cuando cayó en desgracia del gran Amo por su ancianidad que lo tornó incapaz, se retiró a aquel entonces desierto páramo, donde edificó su casa-fortaleza con su respectiva pirámide, pues tenía un hijo que llegó a Hierofante y allí celebraba los cultos para su padre y su familia.-

(2): Era Gaudes que fue conocido por tal nombre en Gutium, donde acudía de año en año a hacer compras; su padre se había llamado así.

Tal es la historia de los “Orígenes de la Civilización Adámica”, que en el conciso lenguaje de piedra de los jeroglíficos egipcios está relatada en breves palabras, la misma que yo he contado a la humanidad de esta hora, en centenares de páginas, que he abreviado en cuánto me fue posible para no fatigar las mentes, siguiendo los senderos demasiado largos de esta humanidad. Aquella obra fue pues para las multitudes que se cansan pronto de los escritos que no enardecen las bajas pasiones ni acicatean al instinto, para que se levante como ciervo enfurecido, a reclamar sus derechos de continuar siendo bestia, cuando ha sonado la hora de ser hombre. Este libro es para los iniciados en el estudio de la Divina Sabiduría que habla a lo hondo del espíritu para decirles: “Yo os he elegido de en medio de la turbamulta, porque os encontré vestidos con la túnica de purificación ceñida con el cíngulo púrpura del sacrificio, llevando sobre el pecho, la estrella de cinco puntas, símbolo de la Luz Divina que baja sobre las almas que con afán la buscan”.

En este “Archivo de las Edades”, arrancaremos a los siglos sus terribles o hermosos secretos, en medio de los cuáles se encontrarán viviendo, sufriendo, cayendo y levantando, los mismos personajes que desfilaron en la anterior, aunque a veces, con telones de fondo sumidos en pavorosas tinieblas que les impedían saber quiénes eran, a qué habían venido a la Tierra, y hacia donde se dirigían.

La Tabla Abydos en su oscuro lenguaje jeroglífico, sólo trata de divinizar el origen de los Faraones egipcios; pero los que narramos teniendo a la vista los panoramas vivos de la Luz Eterna, para la cuál no pasa desapercibido ni el más leve pensamiento puro o criminal, trágico o feliz, estamos en condiciones de narrar a los iniciados en los senderos de la Divina Sabiduría, todo cuánto pasó por las mentes de los que siguen y siguen leyendo en los Archivos de la Luz.

Cuando la I Dinastía de gobernantes de los valles del Nilo se esfumó en la cenicienta penumbra de la tercera centuria, los Dakthylos y Kobdas que actuaron en los comienzos de la Civilización Adámica, tornaron de nuevo a la vida terrestre, para aportar a los campos de la evolución humana la gota de agua que formase de nuevo la abundosa corriente con que el Ungido Divino haría fructificar su no lejana siembra.

Días largos de descanso en el plano espiritual; días largos de estudio y de preparación, debían haberles predispuestos para una laboriosa y meritoria jornada en los valles terrestres que les esperaban de nuevo.

Pero las Inteligencias Superiores habían marcado otros campos de acción. Ni el Éufrates ni el Nilo, ni las vastas regiones de los Cinco Mares eran el escenario en que ellos volvían a la vida.

Las selvas inexploradas que sólo sirvieron para refugio de los piratas corridos por la civilización que emanó de la Gran Alianza, las pantanosas orillas del Tronador, del Río de los Dioses (el Ganges), del Río Negro (el Brama Putra), serían el nuevo escenario en que debían desenvolver sus actividades los seguidores del Verbo de Dios.

Hombres crueles y malvados, enriquecidos con el sacrificio de millones de seres ignorantes y atrasados, se habían cargado del oro, piedras preciosas y obras magníficas de metalurgia que los piratas robaban a los grandes Santuarios de la civilización del Éufrates y del Nilo, y dándose los más disparatados nombres, gobernaban en calidad de dueños y señores de toda aquella inmensa porción de humanidad.

Ignorantes de la conformación exacta del Globo y de los Continentes, aquélla región que llamamos de la India, en aquella remotísima época, solo era conocida por “Tierra donde nace el Sol”, que en abreviatura pasó luego a denominarse Sol Naciente, nombre que tuvo numerosas variantes según el dialecto o lengua en que la frase era pronunciada.

Mientras tanto, en los valles serenos del Éufrates y del Nilo que hemos recorrido en nuestra Obra anterior, iban durmiéndose lentamente en esa aletargada inconsciencia en que caen las regiones y los pueblos cuando los espíritus impulsores de la civilización y del progreso han volado hacia otras comarcas designadas por la Eterna Ley para plantaciones nuevas.

El viejo Santuario de Neghadá sobre el Nilo y el Santuario de La Paz sobre el Éufrates, habían ido cambiándose paulatinamente en suntuosos palacios habitación de los nuevos soberanos que ya no eran los inegoístas y desinteresados Kobdas de túnica azul, sino Caudillos guerreros y conquistadores que con la ley del más fuerte, arrastraban cuanto despertaba su ambición o deseo.

A los últimos Kobdas fieles les había costado la vida ocultar en las criptas destinadas a los muertos, su grandioso Archivo de las Edades, y mediante grandes derrumbamientos y excavaciones, habían hecho desaparecer bajo moles de piedra, la sabiduría adquirida pacientemente durante tantas centurias. Algunos de ellos en calidad de pastores o labriegos, fueron quedando como custodios del tesoro oculto, transmitiéndose de unos a otros el sagrado secreto.

Hilkar de Talpakén y el Audumbla de Zoan que habían desencarnado a poco de morir Abel, volvieron a la vida física en una familia de pastores del Valle del Nilo, y por sabio designio divino se encontraron con los últimos Kobdas guardianes del tesoro de sabiduría encerrados en las criptas del Patio de los Olivos, del viejo Santuario que habiendo sido borrado por suntuosas terrazas y altiplanos de jardines fantásticos, como visiones de ensueño, los Kobdas guardianes le habían abierto salida hacia la costa del mar

Un desbordamiento del Nilo había dejado sin hogar y sin familia a los dos niños, el uno de doce años y el otro de nueve, y la choza de los Kobdas guardianes les ofreció refugio y alimento. He aquí anudado nuevamente el hilo conductor de verdad y de luz, nuevamente anudado para prolongarse en edades nuevas y en escenarios nuevos también.

Cuando los últimos Kobdas, disfrazados de pastores, cerraron sus ojos a la luz del plano físico, aquellos dos niños habían llegado a la juventud, y la carga del gran secreto pareció aumentarles los años, apareciendo ante los demás con una gravedad y juicio de hombres en la madurez de la vida.

Davasen y Durando recibieron con juramento, el sagrado depósito cuya existencia no debían revelar a persona viviente hasta que voces de los cielos les indicaran el camino a seguir.

Y los dos jovenzuelos vigilando su majada de antílopes y de avegrús robadas al desierto, esperaban en su choza, al occidente de la populosa ciudad que se extendía por todo el Delta del Nilo mediante puentes levadizos y jardines flotantes que unían los grandes barrios a través de los numerosos canales.

Ya no se llamaba Neghadá, sino Maridhea, que en la lengua de los nuevos soberanos quería decir: Diosa del Mar.

Devasen (o sea Hilkar) decía a su compañero, sentados ambos a la puerta de su cabaña mirando a lo lejos las cúpulas, torrecillas y minaretes de la suntuosa capital:

−Allí debajo duerme nuestro secreto, un sueño que lleva ya tres centurias cumplidas. ¿Cómo habremos de hacer el día que oigamos las voces del cielo que nos avisen la hora de la partida?

−Pero ¿adónde hemos de partir?, interrogaba Durando que como menor en edad física y también en edad espiritual, esperaba siempre que su hermano hablase el primero.

− ¿Has olvidado el encargue de nuestros padres de ser guardianes del gran secreto hasta que seamos avisados?

−Si, es verdad, mas tú, ¿qué piensas que será ese aviso?

−No lo se a ciencia cierta, pero algo como una convicción íntima me hace pensar en que tendremos que hacer un gran viaje llevando esa multitud de tubos de cobre a otras tierras lejanas, donde alguien nos espera y nos ama.

−Bonito sueño es ese el tuyo hermano Davasen y ojalá sea una realidad porque me voy cansando de esta vida, apartada de todo y donde nadie nos comprende ni nos ama. Y dime, ¿nos llevaremos también las enormes tablas de piedra de la cripta de Adam-Mena I?

−No, esas no, puesto que su contenido está grabado en los papiros de los últimos tubos de cobre que cerraron nuestros padres.

Esas tablas quedarán allí para que los hombres de estas regiones que tuvieron la luz y la apagaron, formen en un lejano futuro, un principio de historia, lo suficiente para saber que Adam-Mena I fue el primer Faraón del Nilo. ¿Para qué quieren saber más si ellos rechazan todo lo que no sea fastuosidad, lujo y placer?

Esa noche, en que ambos jóvenes se habían entregado al sueño apenas entrada la noche debido a que el día les fue triste y penoso porque en él tuvieron que exhumar los despojos de los cinco ancianos que les sirvieron de padres, para liberarlos de la profanación de extranjeros a quiénes les fue adjudicado el pasaje en que estaba la sepultura, tuvieron ambos un sueño hermoso como una visión de los cielos.

En una bella planicie iluminada de suave claridad se encontraron de pronto con los cinco ancianos vestidos de azuladas túnicas y con cayados de viajeros.

− ¿Adónde vais?, les preguntaron ambos jóvenes a la vez.

−Tenemos que hacer un largo viaje y vosotros nos acompañaréis.

−Pero vosotros habéis cambiado de rostros, hasta el punto de no parecer los mismos, observaron Davesen y Durando.

−Es que ahora revestimos la investidura de los Kobdas que conocieron al Verbo de Dios y aun cerca de Él delinquimos. Y empezaron a nombrarse.

−Yo soy Madeo de Ghana, que entré al Santuario de La Paz para dar muerte a Abel, hijo de Adamú y Evana, mandado por entidades tenebrosas que buscaban impedir la obra del Ungido de Dios.

−Yo soy Marván, que arrojó la túnica azul para vestir la fastuosa indumentaria de Caudillo de Artinón, bajo la cuál cometí los mayores desaciertos que pueden oscurecer la vida de un hombre.

−Yo soy Diza-Abad, que cambió su azulado ropaje y su nombre limpio por el de Oso Gris, y amarrado a una cadena en el Peñón de Sindi, quise estrujar entre mis garras al Verbo de Dios que me brindaba su luz.

−Y los dos que faltaban dijeron: Somos los Kobdas ciegos y mutilados del Pasaje de la Muerte, en Anfípolis, a quiénes arrastró la vanidad de destacarse en figuras de primera fila, lo que nos llevó a los más desastrosos excesos.

− ¡Cómo!, dijeron en un solo grito de asombro ambos jóvenes, sumergidos en los transportes del sueño. ¡Vosotros os llamáis Kobdas pecadores en presencia nuestra, que sólo hemos visto vuestra abnegación, vuestro desinterés, vuestra penosa vida de pastores de bestias sólo por ser guardianes de un secreto escondido entre las tumbas!…

Y el que se había nombrado Marván contestó por todos:

−Una sola vida de sacrificio y de virtud no borra el cúmulo de iniquidades que amontonamos en pocos años de una vida. Por eso hemos debido pasar tres vidas consecutivas en esta triste soledad, sin afectos, sin alegrías humanas, luchando con el desamparo de la intemperie, olvidados de los hombres y sólo rodeados de animales incapaces de comprendernos.

Vosotros dos fuisteis el beso suave de la Bondad Divina cuando la copa de la expiación estaba colmada y caísteis bajo el techo de nuestra choza, como rayitos de luz anunciadores de que había amanecido para nosotros el día glorioso de la redención.

−Y el cielo recortó de su manto de zafiro nuestras túnicas, añadió Madeo con el rostro inundado de felicidad, y ya nunca más las dejaremos hasta la última jornada Mesiánica en que el Cristo nos vestirá el manto blanco de los Maestros.

−Ha llegado la hora, díjoles Diza-Abad, de nuestro viaje común.

−Nosotros no necesitamos de mayores preparativos, pero sí vosotros que seréis portadores de nuestro tesoro de Sabiduría hacia lejanos parajes. Preparadlo todo para la próxima luna llena en que emprenderemos la marcha.

− ¿Hacia dónde?, habían preguntado en el sueño ambos jóvenes.

−Hacia donde sale el sol. En la desembocadura del Éufrates, en la bahía oriental del Golfo Grande (el Golfo Pérsico), encontraréis barcazas descargando pieles, maderas y resinas olorosas. Allí trataréis la travesía con el Capitán de las barcazas, un hombre ya anciano, vestido de amarillo y gorro de piel negra en la cuál veréis una estrella de plata de cinco puntas signo que está grabado también en el pabellón de las embarcaciones. Sólo diréis a este hombre estas solas palabras: “Somos los portadores de las momias del Nilo que esperáis.”

“Y no olvidéis nada de lo que os dejamos recomendado de la noche solemne en que recibisteis nuestro legado.”

Ambos jóvenes se despertaron al mismo tiempo y corrieron el uno hacia el otro para contarse el misterioso sueño.

Pero aun no se decidían, temiendo que todo fuera una ilusión.

−Mirad que es duro dejarlo todo y emprender un largo viaje lleno de peligros desconocidos, sólo por un sueño, exclamaba Davasen grandemente preocupado.

−Tenéis razón, pero también es cierto que estábamos avisados por nuestros padres antes de morir, de que llegaría un día en que tendríamos que realizar lo que anoche hemos soñado, decía Durando.

−Mas yo esperaba –añadía el mayor– en otra forma de aviso.

Y entristecidos por la indecisión, comenzaron sus tareas ordinarias de ordeñar las ciervas lecheras, recoger los huevos de sus avegrús y sacar a pastar sus animales.

Cuando a poco de volver hacían su frugal desayuno junto a la hoguera, llegó a la choza de los dos hermanos un hombre ya entrado en años que les dijo:

−“Me acaban de dar la noticia de que os marcháis del lugar para no volver y vengo a proponeros que me vendáis la choza en que os cobijáis y algunos de vuestros animales. Mas como no tengo tesoro alguno con que pagaros, os propongo un cambio que acaso os sea de utilidad puesto que vais a emprender un viaje: tomad a cambio mi tropilla de asnos y dos hermosos camellos, que es lo único que poseo sobre la tierra.”

Davasen y Durando se miraron con asombro y con inteligencia a la vez.

¿Quién podía ser el portador de aquella noticia si ellos a nadie lo habían comunicado? – ¿Serás tú acaso que has descubierto el secreto?, interrogaba con cierta alarma Davasen a su hermano.

−Estaba yo para preguntarte si por acaso eras tú, en procura quizás de los medios para viajar.

En realidad lo que había, era que aquel hombre a quién llamaban Maron, había pasado su vida en el transporte de maderas, resinas y otros productos desde la costa del Mar Bermejo.

Su mujer tenía la extraña facultad según él, de dormirse a horas fuera de práctica, y en ese estado de sueño le decía cosas cuya realidad había comprobado más de una vez. Por este medio había obtenido la noticia.

Maron y Thiniza habían sido tomados como instrumentos para cooperar a la realización del gran viaje.

Y pocos días más tarde estaban concertando el intercambio: los dos hermanos entregarían sus majadas de antílopes y de avegrús a Maron, a cambio de su tropilla de asnos y de sus dos camellos.

En el primer día de luna llena le dejarían la choza desocupada. Mientras llegaba ese día, ambos hermanos se internaban con las primeras sombras de la noche por el oscuro subterráneo que tenía salida a la costa del mar.

Tomaban su pequeña barca como si salieran a pescar y al llegar al sitio para ellos bien conocido, la amarraban, no sin antes haber puesto en ella alguna cesta de peces. Unas cuantas piedras recubiertas de breñas y de zarzas era la cubierta del negro boquerón que les conducía hasta su secreto.

Sus padres, como ellos decían, dejaron todo dispuesto, que por algo habían pasado tan largo tiempo preparando lo que ellos dos debían realizar.

En veintiocho arcas de cuero de búfalo, impermeabilizadas con brea por dentro y por fuera, estaban guardados bajo fuertes cerraduras los tubos de bronce que encerraban los papiros del Archivo de las Edades, más los rollos de la enseñanza de Antulio que habían sido llevados al viejo Santuario cuando La Paz cayó en manos de los invasores Zoharitas.

Estas arcas eran del mismo tipo de las usadas para guardar las momias de los familiares, costumbre generalmente seguida por todos los habitantes de aquellas comarcas. El cuero de búfalo usado por la clase media y gentes del pueblo, reemplazaba al ónix, al alabastro, al marfil, bronce o plata usados por los príncipes y casi la mayoría de las clases pudientes.

Bien manifiesto estaba, que los viejos Kobdas guardianes habían preparado todo con harta prudencia y discreción.

Sólo una vez habían penetrado ambos jóvenes al profundo subterráneo que era a la vez cripta sepulcral y archivo. La noche aquella en que los dos últimos Kobdas que fueron Madeo y Diza-Abad, les condujeron allí y les revelaron el gran secreto, les habían recomendado ir lo menos posible para no despertar sospechas entre los que pudieran verlos merodear por aquellos parajes. Habían pasado cuarenta lunas desde aquel solemne acontecimiento que Davasen y Durando no olvidarían jamás. Allí habían sido llevados los Kobdas guardianes del gran tesoro.

Una tristeza sombría iba cayendo como llovizna de invierno sobre Davasen y Durando que veían con dolor como aquellas cinco vidas amadas iban extinguiéndose una en pos de la otra. Hasta que los dos últimos sobrevivientes les dijeron un día:

−“Llevadnos por favor a nuestro Santuario secreto, porque ya la vida se nos escapa por momentos”.

Ambos viejecitos parecían un haz de raíces que los dos hermanos llevaron en brazos hasta la costa donde tenían amarrada la barca. Y en brazos los internaron por la tenebrosa galería subterránea. Allí les habían hecho ver abiertas las cajas mortuorias de Abel, de Evana, de Bohindra, de la Reina Ada, de Senio y de Tubal.

Los Kobdas de La Paz al huir de los invasores no habían olvidado salvar de la profanación los cuerpos momificados de algunos de sus amados antecesores.

Y en presencia de esos sagrados despojos, ellos habían jurado ser como todos ellos, fieles al mandato divino. Y lo fueron.

Eran seis arcas en cuya parte superior aparecía la momia, y debajo de ella, los rollos de papiro encerrados en tubos de cobre. Si durante el viaje las arcas eran abiertas por profanos, no veían mas que un cargamento de momias cosa nada extraña entre las más antiguas tribus del Nilo, cuyo culto por los muertos les hacía realizar sus emigraciones llevándose a cuestas sus muertos, que jamás dejaban abandonados en tierras habitadas por extranjeros.

La noche aquella del juramento, los dos viejecitos no quisieron ya volver al mundo exterior, y quedaron en una pequeña cavidad o cueva formada entre el tronco y las ramas de una vieja encina, que era como el pórtico exterior de la galería subterránea.

“Aquí estaremos más cerca – decían – para que os cueste menos trabajo sepultar nuestros cuerpos. Y si el aviso del cielo llega antes de que nuestros cadáveres estén secos, no vaciléis en dejarnos bajo estas bóvedas sagradas, donde las momias de nuestros justos han ido dando durante siglos sus moléculas vivas para formar nuevas organizaciones embrionarias y, en tal caso, tomad otras dos momias de las que aquí descansan y ponedlas en las cajas en lugar de las nuestras.

Los cuatro juntos habían pasado aquella noche memorable en la pequeña caverna de la encina, y después de dar de comer a los viejecitos, ya al amanecer, ambos jóvenes habían regresado a su choza para continuar sus tareas diarias y que nadie en la comarca pudiera notar su ausencia.

Cuando ya muy entrada la noche siguiente volvieron a la caverna de la encina llevando cantarillos de leche fresca, pan y miel a sus viejecitos, los encontraron ya fríos y rígidos, demostrando haber dejado sus materias varias horas antes.

¿Cómo pues podrían olvidar los dos hermanos la conmovedora tragedia silenciosa y oculta de aquella noche memorable en que perdieron los dos padres que más los habían acompañado en su dolorosa orfandad?

Y entre sus lamentaciones decían: ellos sabían que iban a morir este día y quisieron ahorrarnos la angustia del tremendo adiós.

−Por eso nos dieron aquella gran bendición, decía Davasen, a la cuál asociaban todos los bienes de la tierra y todos los dones de los cielos.

−Por eso, añadía Durando, no se cansaban de hacernos recomendaciones que hasta hartura nos eran sus repetidas observaciones.

Y Durando y Davasen, abrazados de los cuerpos rígidos, bajo sus pesados cobertores, se desahogaban llamándolos por sus nombres como si ellos pudieran escucharlos.

Y cuando la noche primera de los preparativos del viaje penetraron nuevamente a la caverna de la encina para de allí pasar a la cripta, encontraron un trozo de arcilla, al parecer desprendido por roturas de las que encerraban las urnas funerarias y decía grabado con punzón:”No vaciléis en emprender el viaje porque ya es la hora. Vuestros Padres.”

Sus espíritus viajeros del Infinito han dejado este aviso para nosotros, decía Davasen, entrando alumbrados por sus antorchas en aquel abismo tenebroso que guardaba el gran secreto.

Todo estaba como lo habían dejado la última vez. Sólo notaron el hueco en la cerradura de la urna de Madeo, y con gran asombro vieron que en aquel hueco coincidía perfectamente el trozo de arcilla en que les habían grabado el aviso.

−Fue nuestro padre Madeo que rompió la arcilla de su tumba para animarnos en nuestra vacilación, decía Durando enternecido por aquel pequeño incidente.

− ¡Vamos pues!, dijo con decisión Davasen. Ya no podemos dudar de que caminamos sobre seguro.

− ¿Por dónde empezamos?, preguntó Durando.

−Por abrir las tumbas de los dos últimos, y si están en condiciones de sacar los cuerpos, cubriremos con ellos los tubos de las cajas que quedaron sin momias.

−En tan poco tiempo no pueden estar momificados, decía el menor de los hermanos mientras hacían la operación de apertura.

−Pero puede que estén secos lo bastante para llevarlos, contestaba el mayor.

Cuando la última tapa de arcilla fue levantada, encontraron que los dos viejecitos, de color cetrino, parecían estatuas yacentes de mármol enmohecido por exceso de humedad y de lluvias. Diríase que dormían.

Cuando iban a levantarlos para colocarlos en las cajas correspondientes, se desmenuzaron en un polvo gris como flor de ceniza que guarda la forma de las ascuas ya consumidas, quedando tan solo en el fondo de las tumbas, dos pequeños esqueletos de blancos huesos.

El asombro mezclado de terror de ambos hermanos, puede adivinarlo el lector.

−Pero, ¿qué es esto?, interrogó Durando a su hermano, que mirando ambos esqueletos demostraba hallarse profundamente abstraído.

−Esto significa que nuestros padres lo pensaron y lo calcularon todo. Pensaron en que el viaje sería antes, mucho antes de que sus cadáveres estuviesen momificados; y en las sustancias que mezclaron en las redomas cuando nos explicaban el procedimiento al cuál debíamos someter sus cadáveres, debieron mezclar sustancias que han consumido con tal rapidez las carnes, reduciéndolas a ceniza en sólo cuarenta lunas transcurridas desde el día de la inhumación.

−Y ahora, ¿qué hacemos?

−Pues envolverlos en sudarios limpios y colocarlos en las dos arcas que quedaron sin momias. Sin duda han querido ellos que sus huesos vayan con nosotros a servir de cimiento del primer recinto de oración que levantemos en el país donde nace el sol.

Y a la medianoche del día siguiente cargaron las fúnebres arcas sobre el lomo de los asnos y montados ambos sobre los camellos emprendieron la marcha por los caminos más solitarios, cortando campos en diagonal hacia el país de Gosen, para lo cuál debieron atravesar uno de los grandes terraplenes, como monstruos de piedra que estaban tendidos sobre los enormes brazos del Delta del Nilo. El camino de Shur les llevaría de seguro hasta Urcaldia, a través de tres desiertos: el de Shur, el de Paran y el de Sin. Eran desiertos por la gran soledad que en aquellos parajes reinaba, mas no por la aridez, pues que estaban entrecortados por montañas y riachos donde algunas tribus nómadas de beduinos compartían la vida con los buitres y las fieras. Una cadena de hermosos lagos azules formaban al parecer el límite de las tierras del Nilo con el desierto. (3): Estos lagos estaban como alineados por la Naturaleza, en lo que hoy es el Canal de Suez. Entre dos de aquellos lagos existía una gran aldea con pretensiones de ciudad que denominaban: Pithon, y que era comúnmente el sitio donde buscaban reunirse las caravanas que se arriesgaban a atravesar los tres desiertos. Aquel viejo decir que la unión hace la fuerza, lo tenían muy en cuenta los viajeros hacia regiones desconocidas y con los penosos medios de transporte que se disponía en aquel remoto pasado.

Aquellos lagos entre praderas de exuberante verdor, eran las últimas regiones pertenecientes a los soberanos del Nilo. Más allá de ellos estaba lo desconocido que podía encerrar grandes peligros, el mal o el bien, la vida o la muerte.

Una pequeña caravana de mercaderes saldría de Pithon dentro de tres días llevando cargamentos de cereales y de lana, y los dos hermanos se unieron a ella que contaba con guías experimentados en la larga travesía.

−Por lo visto, vais para no volver, les decían, pues que lleváis a cuestas a vuestros muertos.

−Así es, contestaban ambos sin dar muchas explicaciones.

− ¿Tenéis allá parentela que os aguarda?, insistía la curiosidad de los mercaderes. En Baravan que es el mayor puerto del Golfo Grande, tenemos muchos conocidos y os podéis colocar allí fácilmente.

−No –decían los hermanos. En el Gran Golfo nos espera un amigo que nos conduce más allá de las bocas del Tronador.

¡Más allá del Tronador!… ¡pero entonces vais al fin del mundo!

El obstinado silencio de ambos hermanos paralizaba aquí todas las interrogaciones.

Cuando después de casi tres lunas de viaje llegaron por fin al Puerto de Baravan sobre el Golfo Pérsico, los invadió a entrambos una inmensa impresión de soledad. Todos los compañeros de viaje habían visto al llegar rostros amigos y sonrientes, brazos amantes que se anudaban a sus cuellos, labios febriles y amorosos que les besaban con ternura.

Sólo ellos miraban hacia todos sin que ni un solo ser se acercara a dirigirles la palabra.

Y cuando ya iban quedando solos, dijo el menor al oído de su hermano:

− ¿Qué hemos hecho….dime, qué hemos hecho?

−Hemos hecho lo que nuestros padres nos mandaron. Ellos nos amaban demasiado para engañarnos. Abramos aquí la tienda y esperemos que acaso no tardará en llegarnos la contestación a tu pregunta.

Dos chicuelos harapientos se les acercaron ya casi al anochecer a ofrecerles farditos de leña para encender lumbre. Querían a cambio que les dieran parte de su comida.

−Quedaos – díjoles Davasen y cenaréis con nosotros.

Pudo verse que esta respuesta era una gran fiesta para los muchachos, que con toda actividad comenzaron a traer cántaros de agua de una represa cercana para dar de beber a las bestias.

−Ya ves hermano, no estamos tan solos, decía Durando al ver la solicitud de los chicuelos para servirles.

Mientras comían los cuatro bajo la tienda comenzaron las confidencias íntimas.

− ¿No tenéis casa y familia?, preguntó Davasen a los chicuelos.

− ¡Oh no amito!…..es mucho lujo para nosotros tener casa y familia.

−No nos llamen amos, porque no lo somos de nadie. Yo me llamo Davasen y mi hermano Durando.

Los chicuelos suspiraron con desaliento como el que pierde una bella esperanza. El más atrevido de ellos rompió de nuevo el silencio:

−Es que si hubiéramos conseguido amos como vosotros, seríamos tan dichosos… pero vosotros no queréis a lo que parece…

− ¡Amiguitos!… esto es otra cosa diferente. ¿Con que seriáis dichosos viviendo a nuestro lado?… pues sedlo.

− ¿De veras?, dijeron ambos a la vez. Durando los miraba, mientras en el fondo de su pecho su corazón se estremecía de júbilo.

− ¿Y porqué no? Nosotros dos fuimos un día huérfanos como vosotros cuando los muertos que descansan en estas arcas tenían vida y salud. Como ellos fueron padres para nosotros, lo seremos nosotros para vuestra orfandad.

¿Qué decía Durando a todo esto?

−Digo que esta es la primera parte de la respuesta que estoy esperando desde que llegamos a Baravan.

− ¿Tanto como eso?

−Sí hermano; así lo siento en el fondo de mi corazón.

−Ya veis amiguitos; mi hermano y yo os damos carta de parentesco: desde hoy seréis nuestros hermanitos menores…

No había terminado Davasen la frase, cuando los dos chicuelos harapientos se les habían colgado del cuello, en una explosión de gratitud hondamente sentida. Davasen y Durando comprendieron entonces el grande amor de sus padres que los cobijaron en el abandono de su niñez, porque ellos se sentían inundados de una inmensa ternura para los dos niños desvalidos.

Y en las vecinas tiendas de los mercaderes del puerto, se procuraron las ropas necesarias para que al amanecer no aparecieran más los chicuelos sucios y harapientos, sino los dos alegres adolescentes de 11 y 13 años respectivamente, cuyos cabellos oscuros y ojos de mirar profundo y suave, denotaban su procedencia de las razas de Altái.

− ¿Sois hermanos, verdad?, preguntóles Durando mientras los ayudaba a vestir sus nuevos ropajes que, en verdad, los transformaban en personajes nuevos.

−Así es, a lo que parece, contestaba el mayor.

− ¿Cómo a lo que parece?, ¿no lo sabéis acaso?

−Lo sabemos a medias, porque nosotros abrimos los ojos a la vida en la tienda de un guía de las caravanas que van y vienen desde el Mar Bermejo y del Nilo. A él lo llamábamos padre hasta su muerte.

Pero después un viejo pastor de antílopes nos dijo que el muerto no era nuestro padre, sino un guardián, a quién nos entregaron de pequeñitos para ocultar un delito cometido con nuestra madre, que fue traída desde más allá del Tronador y vendida como esclava a un poderoso amo de los países de hombres rubios.

−Aun no nos habéis dicho vuestros nombres, observó Davasen.

−A mi me llaman Lagartija, y a éste, Escarabajo.

− ¡Oh, no!… ¡esto es horrible! De seguro no son esos vuestros nombres.

− ¿Os había de poner vuestra madre tales nombres por esclava que fuera?

−Pero, ¿no conserváis algún recuerdo vago de vuestros primeros años?, interrogó Durando compadecido de los pobrecillos huérfanos, a quiénes, para más humillación, se les habían aplicado sobrenombres de feos animalejos.

Mirad, dijo el mayor, o sea, Lagartija. Cuando nuestro padre murió de resultas de una caída al atravesar un desfiladero, tuve la idea de sacar de debajo de una petaquilla de cuero que él llevaba atada a la cintura bajo de su correa. Allí encontramos dos planchitas de plata y un trocito de tela encerada con unos signos grabados que no entendemos.

−Y todo eso, ¿lo conserváis?

−Sí, ahora lo veréis.; y el adolescente abrió su casaquita de lana azul recién comprada, registró por entre sus ropas nuevas hasta llegar a la piel, y mostró un ancho cinturón de piel negra, en uno de cuyos compartimentos se encontraba la petaquilla de los secretos.

− ¡Oh!… ¡eres todo un hombrecito!, le dijo palmeándole la espalda Davasen mientras recibía el pequeño objeto.

− ¿Confiáis en nosotros para revisar lo que aquí se encuentra?

− ¡Vaya, vaya!….faltaría que desconfiáramos de vosotros, dijeron ambos niños a la vez.

Las plaquitas de plata ostentaban varias palabras grabadas a punzón, pero ni Davasen ni Durando podían descifrarlas. Lo propio les ocurrió con la breve escritura de la tela encerada. Las plaquitas pendían de una cadenilla fabricada con diminutos corales entretejidos fuertemente unos con otros mediante un cordoncillo de cabellos negros.

−Esto sólo puede ser ofrenda del amor de una madre, dijo de pronto Davasen observando aquellos objetos. Mirad –les dijo después– guardad todo esto cuidadosamente hasta que llegue un viajero de más allá del Tronador que debe venir a nuestro encuentro; y casi aseguraría que él descifrará vuestro secreto.

Y sin más que hacer por el momento, extendieron mantas y pieles sobre grandes montones de heno recién cortado, y se entregaron al sueño aquellos cuatro seres que no tenían a nadie como familia en la Tierra.

Y Davasen y Durando vieron en el sueño de aquella noche, bajo su tienda enclavada en la playa del Golfo Grande,” que aquel bloque de piedra blanca llamada la Tabla Abydos, que vieran en la cripta funeraria de Negada, se transformaba en millares de hojas de papiros que un gran buitre negro se encargaba de desparramar como una lluvia sobre toda la faz de la Tierra.

Que todos los hombres devoraban como un manjar aquellos millares de papiros volando, y luego quedaban adormecidos, ebrios, hipnotizados.”

Ambos hermanos fueron clarividentes en ese sueño que encerraba toda una verdad que ellos no pudieron comprender entonces y que ha necesitado millares de siglos para que una pequeña porción de humanidad pueda interpretarlo y comprenderlo.

Estas pequeñas porciones de humanidad lúcida, fueron las grandes Escuelas Ocultistas y Secretas de la Antigüedad, que guardaron en sus archivos el verdadero origen de la humanidad terrestre y el de la Civilización Adámica que comenzara en los valles del Éufrates, con una pareja de adolescentes:

Adamú y Evana, de dónde surgió la divina flor de loto, Abel, que disgregó las tinieblas de aquella hora remota.

Mas como los apóstoles de la Verdad entre los hombres son siempre condenados al martirio, al oprobio, al baldón y a la muerte, las verdades se reservan para unos pocos, y el resto se alimenta y vive del error y del engaño, para que se cumpla siempre por encima de todo, la gran palabra del Cristo:

“Dios da su Luz a los humildes, y la niega a los soberbios”.

El gran buitre negro del error que se alimenta de la ignorancia y el fanatismo de las muchedumbres, aleteó silenciosamente en el sueño de los dos hermanos como si quisiera decirles: “Os lleváis la Verdad oculta en esas arcas funerarias que transportáis al país donde nace el sol, mientras yo divulgo al error disfrazado de símbolos entre la gran muchedumbre de bestezuelas con formas humanas, incapaces de asimilar la Verdad porque sólo pueden hallar el fango que pisan.”

Y mientras Davasen y Durando veían en el sueño el futuro de la humanidad un velero de color ceniza con pabellón violeta y oro, anclaba en el puerto de Baravan seguido de dos barcazas de carga. Era apenas pasada la medianoche, y sólo se veía la silueta de los dos arqueros guardianes del puerto, cuyas sombras recortadas por la luz de la Luna se proyectaba sobre las aguas del Golfo.

Un hombre del velero saltó a tierra, y los dos arqueros se le acercaron a fin de averiguar su identidad. El viajero encendió su pequeña antorcha de bolsillo y la acercó a su rostro. Los dos arqueros se inclinaron, mientras le decían: Pasad.

− ¿Han llegado los que debían traer el cargamento de momias del Nilo?, preguntó el recién llegado.

−Sí, Grandeza: mirad, allí tenéis su tienda rodeada por sus camellos y sus asnos.

− ¿Cuándo llegaron?

−Ayer, antes del mediodía.

El viajero entregó a cada uno un bolsillo que debía contener algo de gran estima para ellos, a juzgar por las muestras de agradecimiento que le hicieran. Y lo acompañaron hasta la puerta de la tienda.

El viajero levantó la cortinilla de la puerta y entró sin ser sentido.

Extendió su manta sobre el pavimento cubierto de heno y se tendió sobre él, con la misma tranquilidad que si lo hubiera hecho en su propia alcoba.

* * *

Pasaje Segundo

EL PAÍS DONDE NACE EL SOL

Durando se despertó a las primeras luces del amanecer y salió prestamente de la tienda para dar un vistazo a las bestias y para encender lumbre antes que nadie se despertara. La oscuridad que reinaba en la tienda le había impedido ver al huésped que dormía allí tranquilamente.

Colgó sobre la llama que chisporroteaba, la marmita para cocer las bellotas y dio de comer a las bestias. Antes de terminar, uno de los chicuelos fue a su encuentro con sus soñolientos ojos muy azorados.

−Durando – le dijo al oído – en la tienda duerme un hombre que anoche no estaba allí.

− ¿De veras?

−Como que vos y yo estamos aquí.

−Termina tú de dar esta porción a aquellos asnos, y yo voy a averiguar lo que hay.

Lo primero que vio al entrar de nuevo a la tienda fue un gorro de piel negra sobre una de las arcas funerarias, y en aquel gorro una estrella de plata de cinco puntas. Y tan grande fue su emoción que corrió al lecho de su hermano llamándolo a los gritos:

− ¡Davasen, Davasen!, ¡el gorro de piel negra con la estrella de cinco puntas!

El viajero se incorporó riendo y Davasen sorprendido por la noticia.

Aquellos tres hombres no se habían visto nunca, pero sin saber porque se abrazaron como viejos amigos.

− ¡Cuántas dudas nos asaltaron al no encontraros aquí!, fueron las primeras palabras que el viajero escuchó bajo esa tienda.

−Una horrible tempestad nos tomó al pasar por el Estrecho, y fuimos retardados dos días. Que al no haber sido por eso, habría sido yo quien os recibiera al llegar.

Los dos hermanos observaban que aquel hombre ya de edad madura, era tal como la última aparición de sus padres lo habían pintado: cabellos y barba blanca, túnica de lana amarilla y gorro de piel negra con una estrella de plata de cinco puntas.

−Todo está como nuestros padres nos dijeron, exclamó de pronto Davasen sin disimular su impresión.

−Lo que no os dirían – dijo el anciano- es mi nombre: soy Veda-Bara para serviros.

−Y yo soy Davasen y mi hermano Durando.

−Muy bien. Ya nos conocemos. Ahora que se levanta el sol, bebamos juntos el vino y partamos juntos el pan para sellar esta amistad que debe durar toda la vida.

Y extendieron un blanco paño sobre la hierba, colocaron pan, vino y las bellotas cocidas para el desayuno.

Los dos chicuelos formaron rueda con ellos en torno al blanco mantel.

Y el Sol, levantándose de su lecho encortinado de rubíes y amatistas, reflejaba gozoso su luz diáfana y clara sobre aquellos cinco seres que comían juntos y que hasta el día antes no se habían visto nunca sobre la Tierra.

− ¿Podéis decirnos que nos espera en la tierra donde nace el Sol?, preguntó Davasen a Veda-Bara mientras comían.

−En primer lugar, esa figura tan atrevida “país donde nace el Sol”, no es más que una apariencia para los de este lado del Golfo Grande, o sea, los habitantes de los valles del Nilo desde donde venís. ¿Creéis acaso que pueda haber sobre la Tierra un país donde nazca el Sol? Hoy por hoy, la visual de la ignorancia humana es tan limitada, que ha llegado a confundir la inmensidad celeste con el plano terrestre, del cuál sólo una línea cenicienta la divide.

Allá en nuestro Altái, al hablar de estas tierras de occidente, el vulgo enuncia: “el país donde muere el Sol”. Mas no hagáis caso ninguno de las frases que denotan ideas nacidas y fomentadas por el vulgo.

En el país adonde vais os espera lo que les espera en medio de la humanidad a todos los que destacándose un tanto de las muchedumbres inconscientes aspiran a dar un paso en los senderos del Conocimiento superior y de la Divina Sabiduría.

Oíd una historia que os parecerá leyenda: “Antes de que vosotros vierais la luz, salimos de los valles del Nilo diez hombres, algunos jóvenes y otros de edad madura. Estábamos perseguidos y condenados a muerte por el Faraón Mehenet por el solo delito de que entre los diez le habíamos construido una morada en Menphis, la cual aparecía al exterior como una pequeña fortaleza para guardar los más hermosos ejemplares de fieras, traídos de las selvas y de los desiertos vecinos al Tronador. Pero al centro existía una gran cámara secreta con todo cuanto pudiera ambicionar el soberano más exigente, para permanecer allí durante largo tiempo en previsión de posibles invasiones, acaso más devastadoras y terribles que las de los Hicsos, cuyos rastros aun ahora pueden verse en todas partes donde pusieron sus pies. Y esta cámara secreta tenía además, entrada y salida hacia uno de los grandes brazos del Nilo, o sea, al pie del murallón donde apoyaba su basamento uno de los grandes puentes. Uno de los diez era el arquitecto, jefe de esta cuadrilla de obreros del mármol; pero los diez conocíamos todos los laberintos de la entrada y de la maravillosa cámara secreta, que dejó estupefacto a Mehenet el Faraón, por la atinada combinación de los resortes secretos. Y el día que lo invitamos a penetrar juntamente con nosotros para que nos diera su veredicto de aprobación y a la vez, entregarle el manojo de llaves que le harían dueño de aquel palacio escondido donde podría salvar su vida en caso de peligro, pudimos notar que su expresión de júbilo y asombro, pasó rápidamente, y su faz se tornó ceñida y hosca.

Bien –nos dijo– habéis hecho una grande obra que se merece la inmortalidad entre los dioses secundarios de las orillas del Nilo. Yo mandaré construir estatuas con vuestros nombres, y me encargaré de que todos vuestros familiares sean sustentados del tesoro público.

Era más de lo que nosotros podíamos haber soñado.

−Guiadme una vez más – nos dijo- por este laberinto y que sepa yo como entrar y salir.

Uno de nosotros oyó una voz íntima que le dijo como en el fondo de su propio pecho: “No salgáis, que hay arqueros para mataros apenas asoméis la cabeza fuera de la entrada. Estáis condenados a muerte para que no quede sobre la Tierra nadie que conozca el secreto.”

−Faraón, díjole de pronto el Jefe de nuestro grupo ya avisado: “la voz de los muertos nos habló al oído y sabemos que a la entrada del subterráneo habéis apostado arqueros para matarnos, porque tenemos el secreto de este palacio oculto. Estáis en nuestro poder y de aquí no saldréis, si no me dais vuestro anillo para presentarnos a esos esbirros con vuestra orden de alejarse.”

Mehenet se quedó aterrado, pues nos vio a los diez resueltos a cumplir la consigna. Y entregó el anillo, a cuya vista los arqueros se alejaron, pues ello indicaba que la sentencia quedaba suspendida.

Sabíamos a qué atenernos, y que esta clemencia forzada era para muy poco tiempo. Y apenas salidos del laberinto, sin atender ni siquiera a abrazar a los nuestros, disfrazados de mercaderes o de guardianes de bestias, huimos al país donde nace el Sol, por el mismo camino que vosotros habéis seguido hasta aquí”.

Así pagan los poderosos de la Tierra, los esfuerzos y sacrificios de sus servidores.

Mas, de no haber ocurrido esto, nosotros no habríamos conocido aquellas regiones, donde pronto debe aparecer la misma Luz Divina que nació y se eclipsó en el Éufrates y en el Nilo.

De las maldades e ignorancias humanas, la Ley Divina sabe extraer el bien, la gloria y el amor para los justos, así como el triunfo de sus obras grandiosas de redención humana.

Los dos más ancianos expiraron en nuestros brazos y después fueron siguiéndoles otros y otros. Y cada uno que vimos morir, nos repitió las mismas palabras: “No olvidéis que somos los últimos Kobdas, y que nuestro deber es extraer del fondo de todas las cosas lo más hermoso que hay en ellas para tejer la filigrana de la vida”. De nuestra sentencia de muerte y proscripción a tierra extranjera, debemos hacer brotar los resplandores de la Verdad y Sabiduría sobre países habitados por humanidades aptas ya para recibir la simiente. Debemos ser los primeros guijarros que se apilen para levantar un nuevo edificio, una torre con un faro en lo alto que sirva de orientación a los viajeros. Allá en el Nilo, han quedado Kobdas disfrazados de pastores, guardianes del tesoro de Sabiduría que escucharon nuestros antepasados de los labios del Hombre-Dios. Cuando nosotros tengamos preparados un Templo-Escuela y unos pocos discípulos como simiente de esa enseñanza en estos países que verán la Luz Divina a su hora, llegarán viajeros desconocidos trayendo a la humanidad de Altái, lo que hizo la grandeza y la dicha de otras edades que ni aun viven ya en el recuerdo de los hombres.

Murieron siete de aquellos diez que escapamos a la sentencia de muerte dictada por el Faraón, y son siete juramentos que hemos pronunciado junto a sus lechos de moribundos, de esperar la llegada de unos viajeros desconocidos que nos traerían el tesoro de Sabiduría legado por nuestros heroicos antepasados.

Mediante las facultades del espíritu cultivado en el Amor y la Justicia nos hemos comunicado a través de las distancias. Todo era esperanza, vacilación, duda; unos resignados y largos “puede ser”, que escapaban de nuestro corazón para tornar a él, como un pavoroso secreto destinado a vivir siempre oculto. Año tras año he realizado este mismo viaje en las épocas en que vienen las grandes caravanas. Según el anuncio, debían llegar los que esperábamos tan ansiosamente. Tras un bosque de palmeras y de bambúes, en el nacimiento de la gran cadena montañosa de los Chatas Occidentales, se halla nuestro nido, a la espera de las golondrinas portadoras del pan espiritual que calmará el hambre de la humanidad.

Desde nuestras cumbres de roca, bajamos casi diariamente a la gran aldea de Bombay, llamada Mercado de los occidentales, porque es la plaza fuerte donde se han confundido desde hace muchísimo tiempo los productos de los hombres del Nilo y de los hombres del Altái.

Habéis venido como empujados por una fuerza oculta que no acertáis a explicar, como venía yo año tras año en busca de una ilusión, que soñaba ver convertida en realidad. Mi cabello blanquea ya, pero los hombres del oriente no tenemos prisa en tocar lo que el alma percibe cerniéndose en el futuro entre penumbras y claridades. Con igual perseverancia habría esperado hasta que mi cuerpo cayera en la fosa. Tal es la inmensa ventaja que tenemos sobre los demás, los que vemos en la muerte, sólo un cambio de ropaje y de escenario. Ayer, hoy, mañana, todo es un mismo camino para las almas afiliadas a la Alianza del Hombre-Dios.”

Davasen y Durando oían encantados la palabra de aquel hombre que les hablaba tal como les habían hablado sus padres. Su faz iluminada por el Sol naciente, adquiría por momentos resplandores de oro y de fuego.

Vuestros padres – dijo- os habrán enseñando a cantar himnos al Creador que nos manda la luz de su Sol, y nosotros cantamos también. Y sacando de su maleta de viajero una pequeña lira rústicamente fabricada de bambúes y de nácar, se puso de pie a la puerta de la tienda y preludió una melodía que los dos jóvenes reconocieron.

Era la misma música del viejo Himno del Amanecer que les enseñaron sus padres. Y el extranjero cantaba y ellos le seguían a media voz, mientras los chicuelos escuchaban, sin entender lo que oían ni lo que veían.

El genio se descubre siempre aunque quiera ocultarse. Y ya fuera que la maga de la intuición susurraba lejanos secretos al oído de los dos hermanos o que las voces sin ruido de los invisibles asistentes a esa escena les trajeran recuerdos de viejas historias oídas repetidas veces a los últimos Kobdas, ambos jóvenes exhalaron de pronto un clamor, un llamado como si fuera hecho al borde de un abismo donde dormían un largo sueño los siglos que pasaron: ¡Bohindra!

El hombre de la lira terminó tranquilamente y con los ojos humedecidos de llanto y llenos de la luz del éxtasis que le había invadido ante la Suprema Belleza que contemplaba, les dijo sonriendo dulcemente:

Bohindra o Veda-Bara, todo es un mismo aleteo de este pajarillo viajero de la eternidad.

Y siguió a los jóvenes hasta la tienda, donde le abrieron la caja en que había viajado desde el Nilo, la momia del Kobda-Rey, que vivió y murió cantando al amor, esa fuerza suprema y divina que hace los mártires y los santos.

* * *

Diez días después, o sea los necesarios para descargar los productos traídos del lejano Altái, y cargarlos de nuevo con los que debía llevar procedentes del Éufrates y del Nilo, nuestros amigos trasladaban a bordo del velero color ceniza con pabellón violeta y oro, sus arcas con momias y con el tesoro de Sabiduría que ya conocemos. Pero antes de seguirlos en el largo viaje, escuchemos una interesante conversación entre Veda-Bara, Davasen y Durando a la tercera noche de la llegada del viajero.

Los dos niños dormían, porque estas veladas se prolongaban ordinariamente hasta muy pasada la medianoche. Ambos hermanos aprendían con el viajero la lengua hablada en las comarcas que iban a ser su patria de adopción.

Y de estos niños, ¿Qué pensáis hacer? – preguntó de pronto Veda-Bara, viéndoles dormidos el uno al lado del otro sobre su lecho de heno y pieles de oveja.

−Llevarlos con nosotros, si no tenéis inconveniente, contestó Davasen.

−Los pobrecillos no tienen a nadie sobre la Tierra, añadió Durando.

−A propósito, dijo otra vez Davasen, quizás vos podáis descifrar un secreto referente a ellos. Y buscó en sus bolsillos las plaquitas y la tela encerada ya conocidos por el lector.

A poco de observarlas, el viajero hizo estas afirmaciones:

−Estos niños son suleimanes de origen, o sea de la región de los Montes Suleimán. El mayor se llama Ludovan y el pequeño Dalay. Son hijos de una esclava elamita y de un Jefe guerrero del Principado de Bolan, de nombre Sindraya. Mirad lo que puede leerse en esta tela encerada:

“Yo, Lari, elamita del Golfo Grande, entrego mis dos hijos Ludovan y Dalay, salvados de la muerte a que los había destinado la esposa de Sindraya, su padre, a El Kusa, guía de las caravanas del Nilo, al cual entrego todo cuanto poseo: las esmeraldas recuerdo de mi madre para que mis niños tengan pan y techo. En la isla de Kispan, en las aguas del Estrecho, podrán ellos encontrar mi parentela, a donde volveré algún día.”

− ¡Pobre mujer!, exclamaron a una voz ambos hermanos.

−Guardad todo esto, díjoles Veda-Bara, que quizás podamos encontrar todo el tejido, ya que tenemos el extremo del hilo con que se ha tejido esa maraña. Es tan común todo esto en los países de donde vengo, que nada puede extrañarme. Allí no ha llegado aun la claridad que vieron un día los hombres del Éufrates y del Nilo. Allí reinan el dolor y las tinieblas y no hay un sitio claro y sereno donde puedan encontrar solaz las almas que saben sentir. Transformar en praderas iluminadas de sol, de paz, de trabajo y de abundancia, es la tarea que nos incumbe a los sucesores de los Kobdas de Negada. Lo que ellos hicieron en la región de los Cinco Mares, lo haremos nosotros en las vastas comarcas de las tres cordilleras: los Gigantes (los Himalayas) y los Gatas de oriente y de occidente.

− ¿Pero sois numerosos que habláis de transformar comarcas y países?

−No; por hoy somos nada más que cincuenta hombres de buena voluntad que nos permitimos soñar con la transformación de vastos países poblados de míseros esclavos y de príncipes tiranos. Quién no conozca lo que es la fuerza de la voluntad encaminada al bien y a la justicia, podrá llamarnos visionarios o locos. Pero nosotros sabemos a qué atenernos en nuestros caminos, y sabemos cuál es el punto final de esos caminos.

¿Qué tardaremos mucho tiempo en llegar? Puede ser, pero llegaremos.

Tal es nuestra firme convicción.

Iguales palabras nos repetían a diario nuestros padres, los últimos Kobdas de Neghadá, observó con tristeza Durando:

Llegaremos…decían ellos pensando en el día de su encuentro con vosotros, mas ya veis ¡nunca llegaron!

−Ellos no, pero vosotros dos que sois su prolongación, llegasteis. ¿Y qué es la muerte para quién tiene la eternidad de la vida por delante?

Vuestros padres no tardarán cuarenta lunas en volver a la vida entre los valles y las montañas del Tronador, y volverán a una escuela de hombres conscientes, y formada para empezar la siembra en gran escala. ¿Creéis acaso que hemos descuidado la formación de hogares, perdidos entre los montes como nidillos de águilas, donde puedan hallar refugio los que saben volar muy alto?

Los seguidores de la Divina Sabiduría no caen de otros mundos como aerolitos en medio de populosas ciudades, sino que vienen por los caminos ordinarios de toda vida física humana. Y nosotros educamos a los que serán sus progenitores en un futuro más o menos cercano.

Mucha luz tuvisteis al igual que yo en otra época y esa luz está velada para vosotros en este momento, porque vuestra misión era sólo de guardadores de momias, que son la muerte. Mas cuando esas momias sean removidas y devueltas a urnas de piedra, ya veréis como se enciende una nueva claridad para vosotros. Me fue revelado en el sueño de esta noche, que uno de vosotros, aun no se cuál, fue guardador de este mismo tesoro, en una edad tan lejana que se pierde casi en la noche de los tiempos.

−Acaso seré yo – dijo Davasen – porque muchas veces he soñado con unas altas montañas pobladas de abejas y de cabras, tapizadas de viñedos y de bellotas de oro, con unas grandes cavernas de piedra blanca, tan blanca como las cabelleras de todos los hombres que conmigo convivían haciendo… no sé que, pero ocultos a todas las miradas como si temiesen ser reconocidos por los hombres.

− ¡Oh, amigos míos!: ¡Pocos días nos restan de enigma y de misterio!, exclamó con voz profética Veda-Bara. Cuando ya en nuestras moradas de roca registremos todo cuanto traéis en esas arcas, veremos nuestro largo pasado y de allí sacaremos fuerzas, entusiasmo, valor sobrehumano para lanzarnos a la conquista de todo un mundo para la civilización, para la sabiduría, para el amor de todos los hombres y de todas las razas sobre la Tierra.

Tres días después el velero color ceniza con pabellón violeta y oro, se hacía a la vela seguido de sus barcazas de carga, repletas sus bodegas de los cereales del Nilo, de los productos de Arabia y de Persia, pues de ambas orillas del Golfo Grande habían levantado cargamentos como para alimentar una numerosa población durante largo tiempo.

Las veintiocho cajas de momias habían sido cuidadosamente dispuestas en una de las cámaras del velero en que viajaba Veda-Bara con Davasen, Durando y los dos niños.

Los dos hermanos originarios del Nilo, treparon tan alto cuanto pudieron en el palo mayor para contemplar a través de los ángulos formados por los picos de las montañas de Arabia, los valles lejanos del Nilo, en cuyas riberas habían nacido y adonde estaban seguros de no volver jamás.

− ¿Qué más tiene una tierra que otra tierra?, decía Davasen a Durando, si en ninguna parte tenemos familia que nos espere.

− ¡Es verdad!, contestaba su hermano, ¡pero estos corazones de carne se prenden a la tierra que nos vio nacer, como abrojos a los vestidos! ¿No lo crees así?….

−Un poco sí, y un poco no, hermano. Desde que hemos hablado en intimidad con Veda-Bara, estoy empezando a creerme, que allá adonde vamos es mi verdadera patria.

Y cuando dejaron de percibir las llanuras de los valles nativos, bajaron a la cubierta para contemplar las costas erizadas de adustas rocas del País de Arab, y las costas festoneadas de fértiles montañas cubiertas de almendros en flor, del País de Elam o Persia (hoy Irán).

Navegando por el Golfo Grande, Davasen y Durando comenzaron a comprender que la tristeza de sus vidas solitarias entre los antílopes y los avegrús de los valles del Nilo, eran dicha y gloria comparadas con las vidas de tremendos sacrificios de los esclavos destinados a la pesca de las valiosas perlas de aquellas aguas, que al decir de los mercaderes que especulaban con ellas, no habían en el mundo otras que pudieran igualarles.

Aquellos infelices semidesnudos, ennegrecidos por las grasas malolientes de que les untaban el cuerpo para que no perecieran ateridos de frío en el invierno, les daba el horrible aspecto de bestias con formas humanas, con sus cabelleras enmarañadas por entre cuyos mechones relampagueaban unos ojos a veces cargados de furor, de odio o de hambre y angustia ante un sufrimiento que no les proporcionaba ni aun la ventaja de la libertad.

¡Eran esclavos! Y no había para ellos sino un solo horizonte: las aguas del Golfo Grande con sus feroces bestias marinas de las cuales debían defender se a puñal llevado entre los dientes, y la mísera cabaña donde el látigo del amo se hacía sentir en sus espaldas si volvían a la superficie sin haberse ganado la cestilla de almendras y el queso de cabra, su único alimento.

Son los infelices pescadores de perlas – díjoles Veda-Bara, cuando vio el espanto de ambos hermanos ante aquellas monstruosas figuras humanas que emergían de tanto en tanto a flor de agua y entregaban algo a un hombre malhumorado que los seguía desde una chalupa, a la cual estaban aquéllos atados con largas sogas.

Y a veces ocurría que el amo tiraba de la soga cuando era hora de tornar a la cabaña, y en vez de un hombre, salía sólo la espina dorsal con los trozos de entrañas, piltrafas sanguinolentas de carne chorreando sangre, lo único que había quedado del hombre devorado por las bestias feroces del mar.

Los arrojaban al agua con una cuerda sujeta al cinturón de cuero, que les ajustaba un trozo de burda tela que les cubría la desnudez.

El amo no se inmutaba siquiera, sino que rápidamente buscaba el pequeño bolsillo cosido al cinturón, por si el infeliz había tenido tiempo de esconder allí el fruto de su sacrificio.

Davasen y Durando estaban lívidos, ante un espectáculo semejante.

Hombres malos y duros, avaros y egoístas había también en el Nilo… pero esto… ¡oh, esto, ellos no lo habían visto jamás! Ni lo habían soñado siquiera en las pesadillas de sus noches agitadas.

Y a esta tierra de horrores caminaban ellos con su cargamento de momias y de Divina Sabiduría.

Veda-Bara lo comprendió todo y apartándolos de cubierta, los llevó a su cámara particular.

No sufráis así por lo inevitable – les dijo – Vosotros venís recién de un país donde una vez brilló la Luz de Dios que hace a los hombres menos feroces y malos de lo que son los que nunca vieron la Luz Divina.

Los dos hermanos estaban mudos. Aquel horror superaba a cuanto pudieran pensar. Temían hablar demostrando vacilación y cobardía. Los dos chicuelos los miraban asustados sin comprender lo que pasaba por ellos. Habituados los niños a escenas como aquéllas puesto que habían crecido en el Golfo, no imaginaban que la muerte de infelices esclavos pescadores de perlas pudieran afectarlos tanto.

Comprendiendo Veda-Bara que sus compañeros estaban agitados por sombríos pensamientos que les provocaban una lucha interna de grandes proporciones, trató de iniciar una confidencia que les fuera un lenitivo y a la vez, un confortamiento espiritual.

−Me parece –dijo– que sé lo que estáis pensando.

− ¡Oh! –dijo Davasen, no es difícil saberlo después de lo que acabamos de ver. ¿En qué hemos de pensar sino en las espantosas escenas de los infelices pescadores?

−Los hombres del lejano oriente decimos: “lo irremediable no debe ocupar el pensamiento, porque ello implica desgaste de energías, que encauzadas en otro sentido serían grandemente benéficas.”

−Pero es horrible cruzarse de brazos ante un espectáculo semejante, insistió Durando, que no podía apartar de sí lo que había presenciado.

−-En mis frecuentes viajes a la espera de vuestra llegada – siguió diciendo Veda-Bara – he tenido la oportunidad de hacer estudios detenidos y profundos sobre estos infelices y hasta he movido fuerzas psíquicas y materiales para remediarles.

− ¿Y qué obtuvisteis?

− ¡Nada! Todos mis esfuerzos se estrellaron contra algo que en este caso parece inamovible.

Entonces busqué de entender en lo posible la causa de la atroz expiación de estos seres condenados irremediablemente a morir despedazados por las bestias del mar y sin compensación alguna para ellos. En la anterior estadía del Hombre-Dios en el planeta, en la personalidad de Abel, hubo una reina en las comarcas del norte del Mar Caspio, cuyo nombre era Shamurance, cuyo templo y cultos eran a base de torturas físicas, de sangre y de muerte.

Y su corte de Sacerdotes y de Príncipes, respondía admirablemente a la feroz tendencia ideológica de su soberana. Se comprende que eran seres salidos apenas de inferiores especies y que su última morada fue acaso en bestias feroces. Y la visión mental que me fue presentada, conjuntamente con el pensamiento de los infelices pescadores del Golfo Grande, me dio la clave de sus torturas.

Comprendí que habían pasado muchos siglos en que centenares y aun millares de ellos estuvieron afiliados a las huestes enemigas del Espíritu Luz Instructor de esta humanidad, y que cometieron crueldades, injurias, torturas, matanzas en masa entre los seguidores del Ungido.

Mártires heroicos hubo entre los marinos de Juno, entre los adeptos de Numú, entre los Profetas Blancos de Anfión, entre los discípulos de Antulio. Y como si las aguas del Gran Golfo fueran un escenario gigantesco, apareció ante mi espíritu horrorizado, las espantosas carnicerías hechas por las huestes de las tinieblas en los discípulos del Cristo.

Y cuando hube comprendido claramente que los pescadores de perlas, que exitaban tan hondamente mi conmiseración, no hacían sino expiar sus viejos delitos, sentí la íntima voz de mi Yo que me decía: “No te espantes así, que la expiación que ha comenzado apenas para ellos es aun suave comparada con los dolores que sembraron desde muchos siglos atrás.”

− ¿Y si ahora la comienzan, digo yo, cuándo la terminarán?

−“Cuando se haya extinguido en ellos la capacidad de hacer el mal a sus semejantes a sabiendas de que lo hacen”, contestó esa íntima voz serena y honda que en momentos dados parece que dialoga con nosotros mismos.

− ¡Justicia Divina… cuán inexorable eres!, exclamó Davasen, comprendiendo claramente cuanto acaba de oír.

−Según esto, dijo Durando, nuestros padres Kobdas que fueron aniquilados casi completamente a golpes de hachas, a tiro de flechas envenenadas, despedazados por potros salvajes, después de haberlos mutilado de espantosa manera, ¿ fueron sin duda víctimas de los que ahora lo son de los tiburones y bestias del mar?

− ¡Justamente! Vosotros y yo, que tanto nos compadecemos de su triste situación, hemos sido también víctimas suyas. Esto no obstante, no hará que nuestro corazón se cierre para ellos, sino que nos hará rogar a la Divinidad, que tan dolorosa expiación los redima y los salve.

− ¿Decís que habéis hecho experiencias sobre ellos para salvarles?, preguntó Davasen.

− ¡Oh!… ¡muchas!… Ya veréis: en uno de mis viajes compré cuatro de esos desventurados, ya de edad viril, y que desde luego llevaban buen tiempo de conocer esa espantosa vida. Les di libertad, o sea que anulé su condición de esclavos y les entregué a cada uno la tarea que debían desempeñar como jornaleros libres en nuestros campos de pastores y de plantaciones.

Y, ¿qué pensáis que hicieron para corresponder a mis buenos oficios para con ellos?

−Vos lo diréis.

−Os lo digo de inmediato: encontraron que las porciones de ganado o de tierras de cultivo que tenían los jornaleros vecinos, eran más apetecibles que las suyas y muy disimuladamente los fueron sacando de en medio, a unos haciéndoles morder por un áspid venenoso mientras dormían tranquilamente en los campos; a otros, precipitándolos con engaños desde la cima de una roca cortada a pico sobre un abismo, o envenenándolos con brebajes preparados por ellos mismos.

En catorce lunas de haberles dado la libertad entre nuestros labriegos y pastores, perdimos casi dos veintenas de ellos, hasta que bien comprobados los hechos, nos vimos en el doloroso trance de entregarlos a la Casa de Corrección y allí están bajo estrecha vigilancia.

¿Comprendéis ahora que con estos pobres seres, dañinos para sus semejantes, no se puede dejar libre el corazón para que los compadezca?

− ¡Es verdad!, contestaron ambos.

−Sería lo mismo que soltar una piara de lobos en un jardín lleno de niños.

−En tales casos como éstos, no podemos decir otra cosa que decir:

“Paso a la Justicia Divina y que ella les sea benéfica para su redención”

MENSAJES DE LOS MAESTROS

Misceláneas

Países de Lemuria: eran dos grandes regiones separadas por un extenso istmo que era todo él una cadena montañosa llena de volcanes en actividad.

La región de oriente se denominaba Wormidas o País de los Wormidas, cuyo significado en nuestras lenguas vivas, sería Hormigas o País de las Hormigas.

Eran razas de seres pequeños, de color oscuro y ojos alargados en sentido horizontal. De esta raza descienden, algo más perfeccionados físicamente los Cuschitas de la época de los Kobdas, que les encontraron en la baja Mesopotamia, así mismo los chinos y los japoneses de la actualidad.

Vivían en tribus numerosas aglomerados en cuevas de las montañas. Sin el orden de la familia ni de uniones legales en forma alguna, los seres humanos se multiplicaban con pasmosa fecundidad desde la adolescencia.

Las mujeres daban a luz dos o tres hijos cada vez.

Darappa, Wenjoha y Henvodaro (ver mapa época lemuriana) eran verdaderos puertos de mar usados para el transporte de viajeros, maderas, piedras y bestias. Los otros pueblos que estaban a la orilla del mar, tenían enormes acantilados sin labrar, por lo cual eran usados por lo cazadores de seres humanos adultos y niños destinados al comercio de carne humana salada que las tribus de antropófagos pagaban a buen precio en oro y piedras preciosas abundantes en aquellas grandes montañas.

Las tribus de esta región eran bastante más retardadas que los habitantes de la región occidental. Y esas fueron los asesinos de Juno.

Región de occidente: Las razas autóctonas de esta región eran tipos altos, casi gigantes y eran así llamados: los Gegantes. En aquellas lenguas primitivas la palabra gegante significaba tamaño grande.

Ambas regiones estaban separadas por el extenso “Istmo de Fuego”, llamado así porque todo él era una cadena de montañas con volcanes en actividad, razón por la cual ninguna vida animal ni humana aparecía allí.

Esto explica la casi nula relación existente entre una región y otra de ese vastísimo Continente que hoy llamamos Lemuria, pero en aquellos remotos tiempos denominaban Kremuria, frase que en nuestras lenguas significaría “Tierra Quemada” aludiendo a la abundancia aterradora de volcanes que ocasionaban frecuentes huidas de hombres y animales de un lugar a otro.

En la ciudad de Supradeva apareció a la vida física Juno, hijo de un labrador llamado Esnek y de una pastora de antílopes llamada Adhala.

Ambos fallecieron en una epidemia dejando a su hijo huérfano de siete años. Un amigo de su padre, marino, dueño de un barco de carga, le tomó a su cuidado e hizo de él un experto y hábil marino.

En la Ensenada de los Pinares (País de Envodaro) donde Juno anclaba su barco, fue echado a pique y murió allí junto con su esposa ciega, Vestha.

Datos sobre la humanidad en Atlántida

La humanidad de Atlántida tuvo origen de los fugitivos de dos grandes Islas existentes en el Pacífico (mar Sereno).

La una Rutak, en la región ecuatorial, de la cual sólo queda el más alto pico de sus montañas que emerge del océano y que hoy la llaman Galápagos.

La otra estaba en la parte Sur donde quedan como vestigios otros promontorios de rocas que hoy denominan San Félix y que en la remota prehistoria se conocía por Pax-Kanlit.

Al hundimiento de esas dos grandes islas, los emigrantes que formaban dos tribus emigraron por mar a las tierras que sus augures les dijeron que existían al norte.

Una de las tribus (Akapulcos) que eran labriegos y ganaderos se instalaron en lo que ellos llamaron Monte-Negro por el oscuro verdor de su exuberante vegetación.

La otra tribu (Chihualkuas) que eran mineros y metalurgistas se instalaron en lo que ellos llamaron Monte-Sol por el color de sus montañas rocosas en las que descubrieron vetas del color del sol (oro).

Ambas regiones fueron variando los nombres con el tiempo hasta llegar a Cerro Negro y Valle de Oro de la época de Anfión.

En aquella remota edad contaban el tiempo las humanidades primitivas por la aparición y crecimiento de la luna en la que contaban tres fases: Nueva – Llena y Muerta.

Les llamaban Eskalas y cada Luna Nueva era motivo de una fiesta de gran algarabía, como para nosotros el día de año nuevo y contaban las edades de los humanos y de los animales por las lunas nuevas o primera eskala que había visto.

No existía en aquellos lejanos orígenes de las humanidades, mas calendario que las fases de la luna, la aparición del sol como comienzo del día, y su desaparición la terminación del día y comienzo de la noche.

Las Estaciones de nuestro año para aquellas edades eran sólo dos: la canícula o verano que comenzaba con la aparición de los primeros brotes en yerbas, arbustos y árboles; y el invierno que se anunciaba con la caída de las hojas.

No siendo conocida en aquellos tiempos la ancianidad decrépita que nosotros vemos, aquellas humanidades dividían la vida de los seres en dos etapas: Vida y Muerte.

Y lo mismo el tiempo. La época de la floración y de los frutos era la Vida. El frío y la nieve eran la Muerte.

De esta gran diferencia en las apreciaciones, viene la confusión que resulta para los que quieren contar el tiempo de las edades pretéritas con igual medida que en los tiempos actuales.

En dos ciclos y medio llegó la humanidad Atlante a su mayor apogeo. Y su decadencia comenzó cuando las Inteligencias venidas de Júpiter, de Arturo y de Capella que habían impulsado su evolución, tornaron a su planeta de origen.

Los espíritus más avanzados del Reino Animal hicieron su entrada al Reino Humano, al mismo tiempo que los retardados de otros planetas se posaron en las selvas atlantes y un ciclo mas transcurrió entre guerras, pestes, epidemias y movimientos sísmicos.

Un poderoso desarrollo de fuerzas mentales malignas de magos negros fugitivos de Mercurio y Urano preparó y precipitó las enormes catástrofes que recién en esta época empieza a conocer la humanidad actual.

Hay una estrecha relación entre la religión, las costumbres y las modalidades de la humanidad atlante con la remota antigüedad de las civilizaciones del África Norte y ello se debe a los emigrados atlantes que desde el primer hundimiento de la región Noroeste comenzaron por dirigirse a las Tierras Altas como llamaban a la cadena oscura de la cordillera Atlas que se entreveía en las lejanías del oriente desconocido.

Osiris

Había una región llamada Monte Rojo porque sus montañas eran de pórfido, y ostentaban sus ciudades los más grandiosos monumentos, templos, columnas, acueductos y obeliscos con tal profusión y extraordinaria riqueza que llamaron a su fastuosa capital, Diosol.

De esta ciudad luz salió como un triste proscrito un sacerdote del más grandioso templo construido de pórfido y oro en la suntuosa capital. Había enseñado en su aula que el Eterno Invisible es Unidad Absoluta y Eterna, de la cual surgen todas las almas invisibles y eternas como ÉL.

Las altas autoridades del templo le consideraron loco y le condenaron a calabozo perpetuo para que no envenenara las inteligencias de la juventud de aquel tiempo.

Tres de sus más íntimos discípulos le hicieron escapar de su encierro y con ellos huyeron hacia las Tierras Altas porque tan severa y rigurosa era la condena de cárcel perpetua o muerte, que no se creyó seguro en ningún paraje de aquel continente que los mares comenzaban a sumergir.

El nombre de nacimiento era Anade de Askersa, pero él tenía compuesto un verso escrito en esta forma:

" ¡Oh, Eterno Invisible

Soy tu mismo

Y si eterno me has forjado

Rico soy en tus verdades

Inmortal como es mi Padre

Soy tu hijo, Tú lo sabes!"

Y tuvo el dolorido proscrito de la magnífica Diosol la idea de cambiar su nombre Anade Askersa por el vocablo formado por las seis letras que encabezaban sus versos: O-S-I-R-I-S.

Fue así el celebre y jamás olvidado Osiris egipcio. La fantasía, la leyenda, el mito y la ignorancia hicieron todo lo demás alrededor de este ser sacrificado por la incomprensión humana que como en todos los tiempos hizo víctimas a millares.

Fue el mismo Mizraim de Tanis, que en la época de Anfión, el Rey Santo de Atlántida Occidental, se llamó Spano-San, y muchos milenios después, en los días gloriosos del Maestro Antulio fue vuestro viejo y fiel compañero Hilkar de Talpaken.

Constelación “Agnus Dei”

Los Querubes resolvieron crear ésta nebulosa para llenar el vacío dejado por el aniquilamiento de cuatro planetas que en decrepitud se habían disgregado en polvo. Cuando la nebulosa tomó forma al mandato de los poderosos pensamientos de los Querubes, esa forma era la de un cordero y esa forma permaneció hasta que los globos se fueron diseñando claramente. Los Querubes que contemplaban con amor su obra, al ver que la nebulosa era un cordero claramente estampado en el infinito azul, exclamaron a coro: ¡Agnus Atman! (Cordero de Dios) y la constelación tomó el nombre de Agnus-Dei en nuestro latín.

De ahí viene que el Cristo que fue elegido para guiar el Sistema sea simbolizado y llamado Cordero de Dios. Los Kobdas conocían esto y tomaron como su símbolo el Cordero entre los brazos del Mesías.

Cristo

La palabra Cristo significa: Ungido por la Eterna Potencia para un fin determinado.

Cirio

Cirio fue el Cristo de la Constelación del Can Mayor.

El Gran Padre Cirio tuvo a su cargo la tarea de poblar de almas y vida física desde la larva, a nuestro Sistema Planetario, hasta que sus Setenta hijos espirituales llegaron a la evolución necesaria para ser Conductores y Guías de humanidades, y a cada uno de los cuales les fue asignado uno o varios planetas para conducir y guiar.

ANFIÓN DE OROZUMA

El gran espíritu Luz tomó materia carnal en Atlántida cuando hacía más de medio ciclo (+ l2.500 años) que existía humanidad en ese continente.

Después de su muerte tuvo lugar el primer hundimiento parcial de ese continente.

Los sumergimientos comenzaron y siguieron desde la región del noroeste hacia el sudeste.

ANTULIO DE MANHA ÉTHEL

Tornó nuevamente a la materia carnal después de 3.500 años en la capital del país de Dyaus (Atlántida).

Pasados veinticinco (25) años de su muerte tuvo lugar otro hundimiento parcial del continente atlante.

¿Qué es la familia?

A LA LUZ RADIANTE DE LA CIENCIA ESPIRITUAL

“Es la reunión de seres de una misma sangre surgidos de la unión de un hombre y una mujer bajo el control de las leyes civiles y religiosas”nos contestará toda la humanidad al unísono.

Los espiritualistas decimos: es la reunión bajo un mismo techo de almas hermanas, unidas a veces desde largos siglos por esa ley eterna de la afinidad o por alianzas libremente pactadas para cooperar en conjunto al cumplimiento de misiones determinadas que las inteligencias desencarnadas se imponen o aceptan en pro de un Ideal en torno del cual se han congregado.

Considerada la familia bajo este punto de vista, fácil es despertar en cada cual la conciencia de sus responsabilidades en cuanto al cumplimiento de los deberes contraídos desde un lejano pasado para el momento presente, y que ineludiblemente tendrá repercusiones en el futuro material y espiritual de todos.

No hablamos aquí de esas uniones conyugales nacidas del fuego fatuo de un sensualismo grosero, o de un interés egoístamente premeditado; que en estos casos, por desgracia muy comunes, solo seres de muy escasa evolución serán los que surjan como flores de la ciénaga, que no otra cosa es la sensualidad o el interés que ha llevado al tálamo nupcial a seres que jamás sintieron el amor verdadero en toda su sublime y divina grandeza.

Porque “Dios es el amor”, según lo dijo Juan el Apóstol en su inspirado y genial evangelio. Y con él todos los escritores de la primera época cristiana y de los que siguieron sus huellas en los siglos sucesivos.

Hablamos aquí de una familia surgida de un amor verdadero y a la cual puede aplicarse la frase de bronce y piedra del Cristo Divino: “por los frutos se conoce el árbol”. Poemas vivientes de comprensión y de compañerismo en que padre, madre e hijos no forman sino una sola red de oro, que aunque conste de muchos hilos, todos tienden al mismo fin: el bien de todos.

Misterioso y fecundo rosal, que aún teniendo múltiples ramas todas ellas se cubren con flores del mismo color y de idéntico perfume para el bien de todos.

Hermoso y sólido candelabro de oro cincelado que aunque compuesto de muchos cirios, todos ellos derraman por igual su claridad para ahuyentar las sombras, en bien de todos.

Tal es y debe ser la familia constituida sobre el basamento de un amor verdadero, en el cual no ha infiltrado su aliento pestífero el sensualismo, ni ha tocado la garra del egoísmo y del interés.

Se dirá que tal tipo de familia es un sueño lírico y no una realidad en el mundo en que vivimos…

El Cristo fue entonces el gran lírico soñador con la familia así formada y constituida y lo dejó bien definido cuando dijo, hablando de las uniones que realiza el Amor: “Lo que Dios ha unido los hombres no lo separan“.

Y si tales familias no abundan entre la humanidad terrestre, culpa es de la equivocada educación que se da a las masas en las cuales se despierta por todos los medios posibles una desenfrenada sensualidad que raya en degeneración, matando el pudor en las doncellas y la dignidad en los jóvenes, hasta el punto que como Diógenes buscaba un hombre con su linterna, hoy por hoy se podría preguntar: ¿Dónde están las doncellas de antaño, que en torno de la madre, lámpara excelsa del hogar, trabajaban, estudiaban y oraban?. Los lirios blancos se han secado en sus sienes y los velos del pudor los lleva el viento hecho jirones…

Sobre los altares de la humanidad se ha colocado cual exclusiva divinidad el becerro de oro, como aquel en derredor del cual danzaba el pueblo Hebreo, mientras Moisés en subida contemplación recibía de Jehová una Ley para su pueblo, llena de sabiduría.

INCAS – PERÚ

En una gran montaña del Perú denominada Huanacauri, habían levantado los antiguos Incas su grandioso Templo del Sol, a donde concurrían súbditos del vastísimo Imperio Incaico en las fases zodiacales en que ellos celebraban sus cultos.

El Inca Huaina-Capac tenía suntuosos castillos que eran verdaderas fortalezas en diversos parajes del imperio, pero habitualmente residía en la ciudad de Cuzco, su gran capital, cercana a la montaña Huanacauri.

Una de aquellas fortalezas se alzaba al pie de la montaña Huantajaya en la antiquísima provincia de Tarapaca, y el personal que lo habitaba era el constante vigía de las valiosas minas de oro de aquella montaña, una de las fuentes de la fabulosa riqueza de los Incas.

El Huasicama (mayordomo o regente) de la fortaleza era de toda la confianza del Inca, y como tenía tres bellísimas hijas, era pues para éste un lugar lleno de atractivos.

De los tres el Inca eligió para sí a la segunda cuyo nombre Ucayali, le había sido dado por la especial circunstancia de que ella nació en un barco a vela mientras cruzaba su madre el río de este nombre, en la provincia peruana de Huanuco.

A las otras dos hermanas las mandó consagrar entre las Vírgenes del Sol a los fines de que ningún mortal pudiera mezclar su sangre con la sangre de la familia que había sido elevada a formar parte de la familia del Inca.

Una de estas doncellas, la menor llamada Huaraví, pasados unos cinco años tuvo un amor y pidió licencia para casarse, y aunque el Gran Sacerdote quería dárselo, Huaina Capac lo negó en absoluto y mandó que fuera encarcelada la doncella. Mas como tuvo noticias de que el amante rondaba por alrededor del presidio, mandó que fuera ofrecida en sacrifico al sol.

Fue vestida de desposada y el Gran Sacerdote le abrió el pecho y le arrancó el corazón.

"- Que mi sangre inocente caiga sobre la cabeza de mi asesino." – había dicho la joven antes de morir. Su amado se sacrificó él mismo al pié del ara en que ella moría.

Como el Inca supo todo aquello, perdió la paz y no tuvo ya sosiego hasta su muerte. Creía ver el corazón de Huaraví a la salida y a la puesta del sol que como un globo de sangre se acercaba y se vaciaba sobre él.

Fue Ucayalí la mujer de su juventud a quien elevó a la categoría de esposa.

Los Incas se permitían el lujo que se han permitido siempre todos los reyes de la tierra, o sea el tener amores en cada región de sus dominios.

Y así fue que Huaina Capac se prendó después de una hermosa doncella de Quito, hija de un rico ganadero que contaba por millares sus tropillas de llamas, de vicuñas y de gacelas.

"- Quiero para mí, la mejor de tus gacelas -le había dicho al padre-, ¿cuánto quieres por ella?".

El ganadero creyó que se trataba en verdad de una gacela de su rebaño y le contestó: "- Llevad Señor, cuantas queráis que será honra para mí.

"- Quiero sólo esta – dijo, tomando la diestra de Huarí, la más jovencita de las cuatro hijas mujeres del ganadero, el cual aunque con dolor, al fin tuvo que acceder".

El Inca se mostró generoso en extremo y dio al padre una hermosa porción de las montañas de Cajamarca, donde había grandes filones de plata y oro para explotar.

Huarí cubierta de sedas y joyas, pronto olvidó padre y familia y siguió al Inca cuando pocos meses después partió de Quito con dirección a Huamalies, ciudad populosa, pero cuya mayor belleza era el castillo que en ella habían levantado los antepasados de Huaina-Capac.

En aquella fortaleza encerró a Huairi como en un cofre de oro y púrpura, donde todo capricho de la hermosa adolescente era una ley ineludible.

Y sus tres hermanas fueron también a engrosar la dorada legión de las Vírgenes del Sol.

Mientras sucedía todo esto, ya Ucayali, la esposa primera tenía una hijita de tres años y un varón recién nacido que era el heredero legítimo al legendario imperio de los hijos del Sol. Pero casi al mismo tiempo del nacimiento de ese niño, a quien llamaron Huascar, le nació a Huari en la Fortaleza de Huamalies un hermoso niño varón que venía a tener casi la misma edad del otro.

Este niño fue Atha-Ualpa, y de aquí vinieron las dos ramas en que se dividió la descendencia de Haina-Capac, y ese es también el origen del trágico fin de los dos hermanos, Huascar fue asesinado al subir al trono de sus mayores, por los partidarios de Atahualpa, que pretendía la mitad del Imperio de su padre.

En represalia de este hecho años más tarde, los desdientes y partidarios de Huascar ofrecieron a Pizarro, el conquistador español, la oportunidad de apoderarse de Atahualpa, para cuya caída y muerte le ayudaron eficazmente los otros.

Cuando ya el Imperio de los Incas fue sólo un fantasma del pasado, aún continuaban en lucha las dos familias que llegaron a prodigarse recíprocamente odios a muerte hasta que una niña, nieta de Atahualpa, y un niño nieto de Huascar, fueron conducidos por un anciano Huasicama, que había sido de la viuda de Atahualpa, o sea de Huarí, a las cavernas subterráneas de la fortaleza de Huamalies.

El anciano inspirado por el Gran Sacerdote del Templo del Sol hizo aquello para tratar de cortar los viejos rencores y ver de unir los dos bandos en un supremo esfuerzo por levantar de nuevo el Imperio de Atahualpa, al cual había amado con delirio como todos sus partidarios. Ni Huarí ni Ucayali, las dos madres, vivían ya.

El anciano quiso salvar a estos dos tiernos vástagos de la persecución de las falanges españolas que trataron de cortar todos los caminos de un nuevo resurgimiento imperial.

La niña se llamaba Ucali y el niño Ascaran. Contaban la una diez años y el niño doce.

El anciano protector, que era a la vez depositario de muchos secretos de sus amos, entregó los niños a una hija suya casada con un modesto ganadero de las orillas del río Pachitea, en la provincia de Huanuco, con la consigna de hacerles pasar por hijos suyos.

Esta niña fue la reencarnación de Huaraví sacrificada al Sol, y el niño Askaran era una vida nueva de de Haina Capac.

Diríase que la eterna Ley les unía nuevamente para reconciliarles, pero no fue así, pues ambos niños vivían en continuas disputas causando amarguras sin cuento a sus padres adoptivos.

Si Ascaran recogía nidos con pajarillos, ella buscaba el modo de soltarlos a volar. Y su Ucali cuidaba sus flores, Ascaran les arrojaba agua hirviente y las secaba……………

(Estimado amigo aquí termina el texto encontrado entre los manuscritos de Mamina. Todo hace suponer que no hubo reconciliación y que terminó de mala forma.)

PD: Huascar: hermano de Atahualpa por parte de padre (m.l530)

Huanacauri: montaña del Perú cercana a Cuzco donde los antiguos Incas tenían su templo del Sol.

Huantajaya: montaña de la antigua provincia peruana Tarapaca (minas de oro)

Huasicama: mayordomo

Huari: madre de Atahualpa, hermosa indígena de Quito…

Huascarán: alta cima siempre nevada de los Andes orientales del Perú, junto a Yungay.

Ucayali y Pachilea: ríos navegables del Perú, prov. de Huanuco

Huamalies: ciudad del Perú donde se encuentran las célebres ruinas del castillo en que el Inca Haina Capac tuvo a Huari escondida del odio de la esposa legítima.

MENSAJES DE LOS MAESTROS

Una Parábola de Buda
Este mensaje fue dado por el Maestro Gamaliel.
No tenemos la introducción donde nos anunciaba que nos iba a relatar una parábola que Buda refirió un día.

Primera Historia

En una casa había un gran sabio. Un día llegó hasta él una persona anhelante, suplicante, que estaba a punto de morir y le pide que por favor le ayude. Resulta que este sabio no tiene en este momento como ayudarle ya que sólo tiene una copa de veneno de repugnante sabor, agrio, que mata causando grandes dolores al alma.

Este hombre que llega, que sabe que está muriendo, busca una solución para sus problemas, algo que le alargue sus padecimientos o que lo lleve a la felicidad. Le pide que le de beber de esa copa. El sabio, alarmado, le dice que no, que es un veneno con sabor hediondo, que sólo lo hará sentir asco y morir más rápido y de una forma más dura. No obstante, esta persona decide tomarlo y muere más rápido, tal como el sabio le dijo. Esta persona representa a alguien que en la Tierra realiza sacrificios sin sentido, y como eran sin sentido, no logró su salvación, ni logró la felicidad.

Buda lo dijo refiriéndose a los Brahmanes, que habían confundido al pueblo haciéndoles creer que sólo la gente que se sacrificaba en padecimientos podía realmente llegar a Dios. De allí, surgieron los faqirs, que se acostaban en vidrios, comían sólo estiércol, vivían sólo de la limosna que le ofrecían, vivían en total negación y desprecio de la dignidad humana. Esto era considerado por Buda como el gran error y los llamaba los que viven mal hoy para morir mal en el futuro.

Segunda Historia

Llega a donde otro sabio una persona que sabe que va a morir, pero no le importa, le pide al sabio que por favor le deje disfrutar de un sabor sutil, rico, algo que colme sus sentidos. El sabio le dice que tiene una copa con esas características pero que tiene veneno, que lo matará y lo hará sufrir en el futuro pero que el sabor es muy agradable. Esta persona decide beber de esta copa, no le importa porque, al fin y al cabo, sabe que se va a morir y no le interesa vivir. Lo toma, disfruta mucho y muere y sólo queda escoria.

Buda se refería con ésto a las personas que buscaban la felicidad en la sexualidad, en los placeres mundanos y en el poder. El sabía que la sexualidad, sin amor, por puro placer, atentaba contra nuestra naturaleza Divina y sólo causaba vacío. A este caso lo llamó Buda, los que viven bien hoy para morir mal en el futuro.

Tercera Historia

Una persona sabe que va a morir pero quiere salvarse. Acude adonde otro sabio y él le saca una copa y le dice que ésta tiene un brebaje putrefacto, lleno de estiércol, pus, sabe muy horrible. Le dice que lo beba y que se salvará. La persona duda de ingerirlo ya que se siente incapaz ante el aspecto inmundo que tiene. El sabio insiste, mostrándole que ésa es la salvación. La persona lo hace, pasa un trago muy amargo pero logra salvarse.

Buda se refería con ésto a aquellas personas que de corazón no les interesaba cumplir la Ley, pero lo hacen por salvarse. Sufren por no robar, sufren por no tener poder, sufren por no ser muy ricos, sufren por no saciar su sexualidad, pero logran a cambio la salvación. Pasan una dura temporada aquí en la Tierra pero logran salvarse. A este caso Buda lo llamó los que viven mal hoy y viven bien en el futuro.

Cuarta Historia

Una persona sabe que va a morir pero quiere salvarse. Acude adonde otro sabio y él le da a beber una copa con miel, crema, azúcar, bananos, helados. La persona la bebe e inmediatamente se salva. ¿Quién es esta persona?.

Es la persona que no peleó en contra de la Ley Eterna sino que la aceptó en la paz de su corazón, que buscó la tranquilidad en el silencio, evitando al máximo las palabras; en no desear cosas que no están en la Ley; en tener una vida justa, casi santa, una vida de amor hacia todo; amaba el alimento que caía en su plato; no le importaba si lo juzgaban o hablaban mal de él, porque él no vivía del qué dirán; no le importaba la soledad de su vida sino que la añoraba porque allí encontró la paz y pudo cumplir la Ley, pudo ser feliz y dichoso, y se salvó. A este caso Buda lo llamó los que viven bien hoy y viven bien en el futuro.

La doctrina de Buda era la de este último sabio. Una doctrina para las personas que quieren caminar hacia la paz y al amor. El camino está expuesto en tres grandes leyes.

· Evitar el desear.

· Evitar pensar mal, actuar mal o hablar mal (las personas que viven en el silencio y poco se fijan en el actuar de las personas son las que cumplen fácilmente esto).

· Buscar la contemplación en la vida (contemplación que es sinónimo de estar vivo, ser consciente del frío, del calor, del hambre, del sabor de una bebida, de lo que le pasa al pobre o al rico, sin juzgar, sin inmutarse, con la paz total).

Esta doctrina fue tergiversada y se volvió en la doctrina del vivir mal hoy para vivir mal en el futuro. El no desear no quiere decir no anhelar, significa quitar los placeres bajos que amargan el alma y transgreden la Ley Eterna. Se debe anhelar el crecimiento espiritual, la felicidad para todos, el disfrutar las comidas, el encontrar la paz, en el reino de los cielos o en la vida misma. La Ley nos recompensará por haber actuado así, nos recompensará en amor, en prosperidad, con el don de la salud, con un futuro promisorio, acercándonos cada vez más al reino de los cielos; tal cual así, Buda lo percibió.

Camino delicado y sutil; sin meditación, que es sinónimo de la contemplación, no se puede avanzar, porque quien no medita, quien no se contempla a sí mismo, no puede despertar, y si no está despierto, cómo va a caminar?.
Gamaliel

Buscar a Dios dentro de nosotros mismos

Muy buenas noches, hermanos míos. La Ley Eterna me permite hablaros unas palabras muy cortas que espero dejen un gran eco en vuestros corazones.

Cuando yo vivía en la edad media, el mensaje Crístico había sido de nuevo vuelto una institución dogmática; habían pasado 1200 años en los cuales la humanidad se había extendido y el mensaje había comenzado a florecer, principalmente en los reinos. En esa época, tuve la gran misión de restaurar iglesias y fundar una secta de monjes. ¿Por qué?, preguntaréis.

Porque la humanidad pasaba por un momento difícil, donde la oscuridad, debida a la ignorancia, dominaba toda Europa. El mensaje Crístico prácticamente se había apagado y nadie quería comprometerse con esa causa. Yo inicié la fundación de templos en Europa con un grupo de gente. ¿Qué buscaba?, buscaba darles a la gente un lugar para encontrarse con el Cristo, un lugar en el que pudiera la gente común y corriente sentarse a meditar en las enseñanzas y dedicarse a la oración, parte esencial de cualquier Cristiano. Ahora, ¿monjes por qué?.

Porque era necesario mostrarle a la gente que no en la riqueza estaba el Cristo sino en la humildad. Comprenderéis que luego de reinados de poder, el nombre del Cristo se había asociado a la realeza y poca gente lo asociaba a la humildad, al desprecio de todo lo terreno, cosa que los monjes hicieron con el ejemplo de sus vidas, la austeridad de sus viviendas, de su vestidura. El dedicarse a la construcción de templos sin ningún beneficio económico, era algo que realmente parecía extraño en esa época.

El resultado, como vosotros sabéis, fue la creación de muchos templos que cubrieron toda la tierra y de la conformación de la orden de monjes como una comunidad establecida que ha durado por largas centurias. ¿Qué pasa hoy?.

Hoy es la hora de dar un paso más. La humanidad de esta época es una humanidad que cambia, que piensa, que cuestiona, pero lo que no han encontrado aún, es que la comprensión de que el verdadero templo es el corazón de cada uno. Que un templo católico, musulmán o budista, es idéntico a la habitación de cualquier persona que en silencio quiera hablar con Dios, con el Cristo, y es allí, por supuesto, donde se encuentra el Dios que mucha gente busca sólo en las iglesias.

La oscuridad de esta época, debida a la ignorancia, hace que la gente no cree en un Dios que esté dentro de sí. El Dios que hablan las iglesias es un Dios distante, un Dios de piedra. Os exhorto, como cristianos, a cumplir con vuestro deber de esta hora. Mostraros un nuevo camino, donde luchéis por enseñarle a cada persona que Dios no se busca en las iglesias sino en el corazón y en el silencio del alma, que los templos son obras de piedra hermosas, pero !tan vacías…! como los puentes y las calles.

Hermanos de esta época, os llamo a que como yo un día comencé un cambio de actitud, lo hagáis asimismo vosotros, con la gente que os rodea, a la cual debéis enseñarle, guiarle, educarle. Todos somos uno y Dios está en cada uno, no en una institución, no en un templo.

Que Dios os bendiga, amigos de siempre,

Francisco de Asís.

Las barreras contra las que luchamos

Paz y Amor para todos los seres.

El cielo en esta hora es como una gran cadena de almas, todas unidas en pos de un único Ideal. Esta cadena se une con la cadena de almas hermanas, amantes del D. Maestro, seguidoras más o menos cerca de sus ideales. Es el Amor quien anuda los hilos, quien teje las grandes realizaciones; el Amor es y será siempre el camino a seguir, el más seguro y el más rápido.

¿Contra qué luchamos en esta hora?. Luchamos contra varias barreras que pretenden poner obstáculos a la realización del plan Divino sobre esta humanidad. Deseo hablaros sobre algunas de estas barreras, que ahora vosotros y nosotros debemos superar, porque la Ley de esta hora ya nos marca el camino a seguir.

La primera barrera, son las fuerzas oscuras que siempre han estado allí y que ahora, en el final de ciclo, se acercan más buscando cortar el hilo que sostiene la obra del Maestro: El Amor Fraterno y la unión entre el plano físico y el plano espiritual.

Las corrientes de pensamiento que la masa genera, sumados a la cadena de pensamientos perturbadores de la paz que la oscuridad siembra en vosotros, impide la formación adecuada de una bóveda psíquica que os proteja de la influencia exterior, y nos permita protegeros y guiaros adecuadamente en esta hora.

El esfuerzo de miles de almas encarnadas y desencarnadas en esta hora, es quien hace frente a esas corrientes densas que parecen envolverlo todo. El amor de muchas almas, que tejen nuevos hilos de unión, derraman las flores de la paz, del consuelo y de la esperanza sobre todos, os habla de cómo el Amor siempre vela por sus hijos, que le buscan y le reclaman.

Os pedimos estar preparados para luchar contra esta primera barrera, mirando en vuestro interior dónde puede anidar el desamor, las bajas pasiones, el miedo y la falta de fe; limpio el interior, se cortará el hilo denso que sobre algunos se ha tejido. Igualmente, debéis tener presente que el exceso de preocupaciones debilita el aura conjunta de protección en la que vuestros amigos del Plano Espiritual os quieren sumergir.

La segunda barrera con que luchamos es la vertiginosidad de la vida, que nos envuelve en pensamientos demasiados intensos, alejándonos de lo que es y significa el camino a seguir en esta hora: la Purificación.

La Ley Eterna exige la pureza de todos sus colaboradores en todas sus realizaciones. La Luz sólo podrá bajar sobre vosotros, en esta hora de cambio, si vuestro interior es puro. El desbroce de vuestro interior tiene como objetivo preparar el terreno sobre el que la Luz Divina se ha de verter.

Sólo en vuestras manos está el pasar esta barrera; contáis con la Luz y el Amor de nuestro Divino Maestro que desde su cielo os sigue, os llama y busca ayudaros a conseguir esta purificación. El amor salva todos los abismos, y aún si se ven llenos de defectos y pasiones sin dominar, no desfallezcáis. Buscar el reino de los cielos y lo demás se os dará por añadidura; es decir, hacer en vuestro interior un templo al Amor Fraterno y veréis que todo lo que pidáis se os dará y podréis dominar vuestro mundo interior.

El mundo exterior exige esfuerzos que en la Ley están contemplados, mas no podéis dejar que éste os asfixie por completo. Buscad cumplir en lo material sin afectar lo espiritual, que es vuestro verdadero objetivo en esta hora.

Que la paz sea con vosotros hoy y siempre.

Filón

El Apostolado

Una jornada apostólica… difícil camino para todos aquellos que han decidido seguirlo; exige demasiado.

¿Cuál es el éxito de un apostolado?, descansar en Dios primero que todo; Dios es el Principio vital, si buscamos ese Principio no fallaremos. Todo apostolado tiene unas bases –bases sólidas sobre las cuales se construyen las obras–; una es el amor entre hermanos, capaz de ayudarse mutuamente en la obra a cumplir; y la otra es la unión con ese principio que llamamos Dios, para que nuestros actos, palabras y pensamientos sean emanaciones de su voluntad.

Contrariamente a lo que algunos pueden pensar, el apostolado está muy lejos de ser una tarea de soledad –lo es en un sentido, porque estas almas son enfrentadas a situaciones con el mundo y sufren normalmente la soledad–, pero digo que ésto es mal entendido, porque los verdaderos apóstoles son aquellos que se unen tanto a Dios que todos sus actos, por pequeños que sean, tienen como fin seguir un designio de ese Principio que nos indica los pasos a seguir. Caminar por nuestra cuenta en un apostolado es destruir la obra, es un acto de gran soberbia.

Explorar todas las noches vuestro interior, detenidamente, mirar cada cosa que hay allí, por pequeña que sea, y encontraréis las raíces de los problemas que más tarde os saldrán al paso en las jornadas apostólicas; eliminarlos ahora que tenéis la paz y el recogimiento para sacar, una a una, las malas hierbas de vuestro huerto interior –que llegada la hora no habrá tiempo–.

Los apostolados son importantes pero duran poco tiempo; si somos capaces de unirnos por completo a ese Principio antes de comenzarlos, habremos hecho la mayoría del camino; si tenemos la fuerza de voluntad y el valor para no desfallecer en el camino, y si sabemos confiar en el amor, habremos completado nuestra jornada apostólica sin siquiera entender cómo.

Desbroce del huerto interior, unión con la Divinidad, Fe en el Amor: he ahí los tres ingredientes que se necesitan en el camino apostólico.

Filón

La diversidad compone una única melodía

Hermanos:

La Divina Providencia siempre vela por todos y es ella quien me permite unas breves palabras a vosotros.

Cada uno de vosotros es como una pieza de una melodía que va uniéndose al resto para formar la música. Cada uno es distinto, como distintos son vuestros espíritus; cada uno ha recorrido de forma distinta el camino espiritual; ahora estáis juntos para componer una sóla melodía.

Si alguno de vosotros se siente distinto al resto !no temáis!, al contrario, expresarlo con libertad, porque toda esta diversidad forma las columnas que sostendrán la escuela.

Desde la luz os seguimos en todo momento; vuestro camino ya está completamente definido, ¡no temáis!. ¿Qué debéis hacer?, en palabras del Divino Maestro: Hacer vivir el Reino de los Cielos en vosotros mismos; ser como ángeles que representen al Padre en cada una de las situaciones del día a día; mas ésto no significa que debáis ser perfectos, porque aún los ángeles no lo son; significa que logréis encontrar a Dios dentro de vosotros mismos, que logréis sentir cómo el poder infinito del Padre os envuelve a todos.

¡Cuidado!, que si ésto no lo sentís significa que hay grietas en las columnas, que sois vosotros; ser francos con vuestros mismos hermanos para que ellos, con ayuda de nosotros y del Divino Maestro, os quitemos estas ideas y os ayudemos a que viváis el Reino de los Cielos en vosotros mismos.

Filón

El Amor que Redime

Vive la vida con la tranquilidad de quien es enseñado y llevado por la Eterna Ley. Busca en tu interior la voz sin ruido que habla y que plasma en pensamientos y hechos su Voluntad Soberana. El Amor es el vehículo que te lleva a la cima del camino que vienes siguiendo.

La vida es una experiencia de Amor, una enseñanza poderosa que nos abre las puertas al Reino del Amor Inmortal. La vida que hoy llevas es la consecuencia de los caminos que has seguido y la causa de lo que será tu futuro.

Toda alma no camina por los mismos senderos, pero cada una debe llegar al mismo punto: la Unificación. En cada ser, cualquiera que sea, vive pleno el amor inmortal, sólo que duerme y es la vida quien despierta al ser en sus anhelos eternos de ser Uno como lo era y lo será.

Alma, piensa, razona, de qué forma sino amando pude llegar el hombre a alcanzar la cima de sus anhelos?. El amor es el camino, de él todo depende en el ascenso que se llama evolución. Amar por encima de todo es la consigna; amar a Dios es amar su creación, sus leyes, sus hijos; amar al prójimo como a ti mismo, es el camino que más nos acerca a la Unificación, destino final de todo caminante.

Vive esta doctrina y no practiques otra más; todo está en ésto encerrado. Los cielos infinitos se abrirán si el alma ama lo suficiente, porque tal es la Ley.

Ser hijo del Amor implica ser un mensajero de Él mismo; ama, piensa en amor, actúa en amor, vuélvete en Amor y entonces tus obras serán las obras del Padre, tu amor, el amor del Padre, tus pensamientos, los pensamientos del Padre.

La mejor forma de enseñar, de guiar, de atraer almas al camino espiritual, es con el amor que emitas, que transmitas, que plasmes en obras, palabras y pensamientos.
Es el Amor el camino que redime. Es el Amor una antorcha poderosa que tiene el poder de iluminarlo todo, de aclararlo todo, de encender más fuego, de impulsar a los seres. ¿Cómo amar?. El amor es Uno, sólo debes dejarlo salir y éste te remontará a lugares que no creías ni esperabas. El Amor es el fin de tu obra, encuéntrale en ti mismo, quita lo que impida que surja, que brille, que irradie, y así el Amor del Padre se unirá con tu amor y formarán una alianza perfecta; el Amor es la Unidad perfecta. Búscalo y no busques nada más, que si le encuentras todo lo demás será para ti, por añadidura.

La Entrega al Amor

Los Hombres de Dios caminan por caminos estrechos, difíciles, llenos de grandes renunciamientos; pero estos caminos sólo conducen a haceros puros, diáfanos.

Es hora de que contempléis el camino con ojos de esperanza y optimismo; ya que éste será quien os abra la puerta al Reino de la Luz Inmortal.

Vais confiados si vais conmigo; vais a salvo si seguís mi voz. No temáis seguidme; si queréis ver al Amor aceptad el destino: no se puede servir a dos señores porque uno será lascivia y engaño, y el otro será salvación y luz.

Pensad en que todo lo que tenéis es para Dios, y así perderlo sólo será aceptar que Él ya lo recibió; y si aceptáis darlo todo con amor a Él, Él os dará a cambio su Luz. Y decidme, ¿cuánto vale la Luz de Dios, podéis comprarla?

Este camino no es de humanos, es de chispas radiantes de la Eterna Realidad, donde dolor y amor es lo mismo, donde trabajo y luz es equivalente. ¿Me amáis? ¿Creéis en mí? Entonces no os apeguéis más, sed libres, sed el vaso que reciba la Luz de mí y la lleve a todos.

¿Qué teméis? ¿Pensáis que es muy pesada esta carga para vosotros? No, todos la hemos llevado un día. ¿Queréis serme fiel? Entregaros a mí, sed míos y yo seré vuestro. ¿Temeréis el entregaros al señor del mundo?. ¿Hay acaso otro señor?.

Venid a mí, yo os daré Vida Eterna y podréis emprender con fe y esperanza los retos del camino. ¿No habéis dicho vosotros mismos que el camino es igual para todos? ¿Podríais no vivir la tentación? ¿Me amáis sobre todas las cosas? ¿Seréis mis discípulos?.

La Fuerza Espiritual

Hermanos de mi corazón, el amor del Maestro os protege siempre; ese amor es un efluvio que nos cuida de caer en abismos tan profundos que no logremos salir, o perdamos de vista nuestro objetivo.

Caminar entre las sombras de este mundo, que casi llega a la oscuridad, es angustioso bajo todo punto de vista, mas es allí donde las almas encuentran, en el calor de ese corazón amado, la fuerza y la claridad para seguir; fuerza para soportar el día a día, y la claridad para no andar en errores y siempre caminar con la verdad.

Esta humanidad que conocéis dista mucho de ser la humanidad propia de un mundo de la luz, donde la fraternidad sea completa y donde todos vivan acordes con el ideal de lo que son, exaltando el amor del Padre por encima de todas las cosas; lejos está la humanidad de comprender estos ideales y pocas almas los comprenden, y aquellos que los comprenden sufren la soledad de la incomprensión de sus hermanos cuando se sienten invadidos de tinieblas –que a veces espantan y llenan de miedo–.

La fuerza encerrada en el Amor os hará pasar esta jornada; la fuerza encerrada en el Amor es un misterio que pocos conocen, porque pocos han querido explorar más allá el Amor del Padre; tan pocos lo conocen, tan pocos lo valoran, tan pocos quieren comprenderlo, y de aquí que tan pocos hablen de la fuerza encerrada en el Amor. La fuerza encerrada en el Amor es la capacidad de saltar todos los abismos, de sufrir todas las tempestades, de caminar con paso firme, de dejar atrás lo que hay que dejar atrás y de buscar con ahínco todo lo que hay que buscar.

La fuerza espiritual es simple consecuencia de amar por encima de todas las cosas al Ideal; en el amor al Ideal está la fuerza que la humanidad busca en prácticas sin sentido. Amar es pasar por encima de todos los abismos, pero uno no puede amar lo que no conoce; uno debe primero conocerlo y estar seguro de que nuestro corazón encuentra eco en ese otro corazón, intangible. Las palabras carecen de sentido, muchas veces, si no las llevamos a acciones concretas.

La fuerza espiritual os hará ser fuertes cuando haya que serlo, os hará dominar grupos cuando debáis hacerlo, os hará ser tan fuertes como robles cuando llegue la tempestad; la fuerza espiritual la conseguiréis cuando os unáis tanto al Ideal, que el Ideal se haga uno en vosotros y vosotros uno con él; ¿qué es hacerse uno con el ideal?, es la capacidad de entregar nuestra voluntad a la de Dios, de esperar sólo de Él, es la capacidad de amarlo todo por el hecho de ser Él, es la capacidad de confiar en Él pese a todas las dudas, es la capacidad de enseñar con nuestros actos el Ideal; es un Ideal que implique vivir en Amor y buscar la luz tan fuertemente que nuestras almas se sacien de ella y, llenas de luz, brillen en las tinieblas.

No tengáis miedo de alumbrar, porque a eso habéis venido; no tengáis miedo de sentiros extraños a todo, porque no sois de este mundo; no tengáis miedo de que el mundo que vosotros veis se desvanezca, porque sólo Dios permanecerá; no tengáis miedo de ver el dolor alrededor de vosotros, porque ése es el dolor redentor; no tengáis miedo de amar hasta el delirio, porque el amor siempre exigirá más, porque el amor nunca se cansa de amar.

Que la paz del Divino Maestro os acompañe hermanos, en aquellos apostolados que vosotros veréis venir de rumbos aún no del todo claros. Vuestra hermana:

Walkiria de Kiffauser

Las Pruebas del Camino Espiritual

Amar es mucho más fuerte que simplemente dejar que nuestras vidas sean llevadas por el pensamiento de Dios; amar implica, además, la aceptación voluntaria de ese camino, y aceptar un camino –que afirmamos ser el camino del Amor– nunca puede implicar hablar mal de él o temerle; al contrario, implica la felicidad llevada a extremo porque la Eterna Potencia, infinita entre todo lo infinito, grande entre todo lo grande, quiera guiar a una pequeña criatura que nada es; y quiera guiarla por sus caminos y quiera hacerla partícipe de sus designios.

Si amamos al Ideal debemos seguirlo con fe, con alegría y con amor; y con la claridad de que es un don infinitamente grande, que la Eterna Potencia nos esté guiando al cumplimiento de nuestros caminos, de nuestras metas y de nuestras misiones como espíritus.

El amor encerrado en las dificultades debe ser alabado, nunca temido; ¿quién puede temer el amor supremo del Padre, sino aquel que no le ama?; quien no ama al amor le teme, quien le ama no solamente se entrega a su cuidado sino que además se siente infinitamente regalado, porque ese amor quiera cuidarlo al punto en que quiere conducirlo por su propia mano. He ahí una nueva concepción del camino espiritual, no como una cadena forzosa que nada tiene que ver con Dios, y que es fruto de nuestras debilidades humanas que hace que veamos en el amor cadenas, cuando lo único que quiere hacer el amor es darnos la libertad; libertad que conseguiremos cuando nuestro yo inferior no nos ponga las cadenas que impiden que nuestra fuerza, nuestra luz y nuestro amor surjan; cadenas que nos impiden ser verdaderos espíritus, hijos del altísimo –es ésto lo que enseña el mundo espiritual, la verdadera libertad–.

Si le teméis a esa prueba espiritual es, o que no le conocéis, o que realmente no le deseáis; porque allí quien tiene el control de la vida es el yo inferior que quiere seguir apresando a la esencia Divina para que no brille. El amor y el dolor cortan estas cadenas, liberándonos y haciéndonos volar al infinito; amemos ese amor y no le temamos, y así podremos decir que amamos al Padre por encima de todas las cosas, por encima de nosotros mismos, con la certeza que el Padre sólo quiere llevarnos a su reino inmortal que está más allá de las estrellas, que nuestra mente humana niega, buscando la satisfacción de su deseo en la oscuridad que la rodea.

Vuestro hermano que os ama:

Senio

Frases de Sabiduría

Estas son frases, dictadas por los Maestros en momentos de confusión, que buscaban alumbrar nuestros pasos para que encontráramos el senderillo estrecho del amor verdadero y eterno.

La fe se alcanza con la fortaleza, el empeño y la paciencia que el alma debe buscar en la oración.

La fe es algo que se consigue con el trabajo continuo de estudiarnos a nosotros mismos y de desbrozar aquellas cosas por las que la duda surge.

No temas que el amor está contigo; desde que te fortalezcas y busques la Luz del Altísimo en cada paso de tu vida no habrá porqué temer, aunque el mundo se disuelva a tus pies.

Orar es el arma con que cuentas para vencer la duda que, en últimas, es el vencimiento de tu propio egoísmo.

La Luz llega cuando el alma anhelante la espera y la pide pacientemente, sólo así la Divinidad prueba qué tanto el alma la busca verdaderamente.

Ser feliz requiere de muchos sacrificios, de vencer los propios deseos, incluso los más escondidos, para así entregarse de lleno a la Divinidad, sin dejar nada para vosotros.

La felicidad sólo se puede alcanzar en el Altísimo, lo demás son sombras que llenan de tinieblas el camino y lo hacen doloroso.

La paz y la humildad van de la mano, una y otra forman parte del concierto inefable del amor, pensar en la humildad es buscar la paz y la dicha certera, porque en ella la Divinidad se hará escuchar.

Sirve bien al prójimo, lo que significa: ámalo como te amas a ti mismo; siempre piensa que espera esa persona de ti, cómo puedes tú amarlo como te amas a ti mismo, y nunca hagas a nadie lo que no quieras que te hagan a ti, lo que significa: que cuando vayas a hacer cualquier cosa, piensa si a ti en esa posición te gustaría que te hicieran lo mismo o te dijeran lo mismo.

Piensa siempre que viniste a servir, no a que te sirvieran y verás que encontrarás la felicidad que nunca has encontrado; servir exige que tú trabajes y te formes, y para éso necesitas del estudio de ti mismo y de la oración; servir es el único camino que lleva a la felicidad, no lo olvides y siempre que puedas enséñalo.

¡Cuidado con la soberbia!, ¡cuidado con el juicio!, ¡cuidado con el pesimismo!, son tres sentimientos de la oscuridad que pueden destruir todo lo que has construido en una larga vida de sacrificios.

El egoísmo es fruto de no haberte vencido y de guardar todavía algunas cosas para ti, cuando todas deberías entregárselas a la Divinidad.

Este mundo es de expiación; el dolor es el crisol que nos purifica; el oro está puro cuando lo está, no antes, y por sacar apresuradamente el oro sólo haces que se dañe; no le temas al sufrimiento cuando no lo puedas detener.

Piensa siempre que el pesimismo es de la oscuridad, no de la Luz, cuando haya un pensamiento pesimista explóralo y elimínalo.

Saber ver aquellas cosas que obstaculizan nuestro camino es un ejercicio arduo pero certero, si persistimos en él logrando cambiar hábitos, defectos y costumbres que no nos dejan estar a tono con el pensamiento de Dios.

No señales los errores de los que están a tu alrededor, que esos no te corresponde arreglarlos, concentra tu mirada en tus propias dificultades y defectos, porque mirar hacia afuera puede desviarte del camino.

No mires los defectos ajenos, puesto que éstos no te corresponde cambiarlos, pero sí dedícate con esmero a corregir los tuyos propios que son éstos los que te debes preocupar por solucionar.

Para llegar al Amor debes seguir por un senderillo tortuoso, lleno de zarzales que ahogan y hacen sollozar, pero la recompensa al final es Él mismo, es la Divinidad misma, por la que vale la pena entregar hasta la vida misma y nuestra propia voluntad.

La Sabiduría es obrar con acierto y con conocimiento según el pensar de Dios; es caminar según la Ley, obedeciendo a sus decretos.

Benditos sean los que con su pensamiento ayuden al prójimo a encaminarse por los caminos de la Ley Eterna, que los conducirá a la dicha imperecedera.

Busca la Luz del Cristo y derrámala en tu entorno, amando y enseñando su mandato de Amor, para que así sean más las almas iluminadas con la Divina antorcha de la Verdad, y sean menos las que perezcan en la fatal inconsciencia del crimen, el odio y el desamor.

Amas es ser consuelo para los que sufren y ejemplo para todos, y con ésto poder ser una lámpara viva que dé su Luz en la densa oscuridad que nos rodea.

Ensayad el Amor, cumplid la Ley, derramad la paz y con éso crearéis a vuestro alrededor un mundo de Luz que es lo que vence las tinieblas.

La Verdad reposa en la Ley Divina emanada del Altísimo, inmodificable, que garantiza la dicha de cuántos la sigan, la estudien y la busquen. Sed lámparas vivas de esta Verdad y habreis ayudado a la obra redentora del Cristo.

Negarnos a Nosotros Mismos

Yo dije, “El reino de los cielos está cerca”, y el reino de los cielos está en el corazón de cada uno de vosotros.

Yo dije, “que la paz sea con vosotros”, y la paz está en que os améis los unos a los otros como yo os amé.

Yo dije, “mis ovejas serán dispersadas”, y un día todas fueron alejadas

Yo dije, “niégate a ti mismo y sígueme”. El camino espiritual verdadero es la negación de nosotros mismos; porque sólo si el alma se entrega a la Voluntad de Dios, alcanzará la cumbre. “Negarse a sí mismos” es aceptar la cruz, es aceptar que si vamos a subir a Dios, nuestros deseos y nuestros gustos particulares serán el lastre y las cadenas que debemos cortar.

Amar es entregarlo todo; Amar a Dios sobre todas las cosas es darlo todo por Él, y Él lo dará todo por quien a Él se acoge.

Vida Contemplativa y Unión con Dios

Llega una hora nueva para todos; una hora donde el Amor Supremo se volcará sobre todo aquel que sea capaz de percibirlo. En esa hora os sentiréis vivir en un cielo, no en una tierra.

Sin embargo, hermanos, aún no es llegado ese tiempo, porque primero debe ser la hora de la Justicia, y por ello sentís a veces que una fuerte carga os agobia y os impide tender el vuelo.

Quiero vaciar una idea en esta hora, que por Ley soy yo quien acude a vosotros para animaros en vuestras luchas, dudas y en la dura tarea que representa ser una lámpara del Cristo en este mundo tan convulsionado. Os hablaré sobre la necesidad de una vida contemplativa y la necesidad de la unión con Dios.

Vida contemplativa significa dar el espacio –día a día– para que vuestra alma tienda vuelo hacia aquello que presiente más allá; es la necesidad de la oración diaria, pero no sólo de unos breves minutos o de manera mental; ya sabéis que la verdadera oración es un encuentro del alma con el mundo espiritual, con el Amor que ella logra sentir en sí misma y en todo cuanto existe sólo por el hecho de buscar a Dios con la humildad y el amor de un hijo, con el respeto por lo sagrado, con la serenidad de saberse amada y escuchada. Esta oración diaria es la vida del espíritu que se siente desterrado en horas como las que vosotros atravesáis. Es un momento también de encuentro, para que podamos nosotros aliviaros de vuestras penas, cargas y juntos unirnos en una sóla oración: la oración de quien se sabe hijo del Amor y quiere hacer que el Amor reine en su vida.

Ahora, debéis estar todos más unidos a Dios que nunca; esa unión está contenida en la voluntad firme de no pretender caminar por vuestra propia cuenta sino, por lo contrario, buscar que sean los acontecimientos no buscados por vosotros quienes os marquen el camino a seguir; está contenida en la tranquilidad como dejaréis que los acontecimientos se sucedan; cumplid vuestro deber siempre, mas no os apeguéis a aquellas cosas que no son más que una circunstancia en vuestra vida actual, que tan fácil como llegó se irá. Es deber darle a cada cosa su justo valor; dejad que las cosas sucedan como deben suceder y sólo esperad en el Amor, sin dejar que el mundo exterior os haga perder el camino que voluntariamente habéis decidido tomar.

Que esta pequeña intimidad os permita recuperar la paz esencial en momentos de finalización y comienzo; si no sois del mundo, dejad que el Padre, que todo lo puede, ordene vuestra vida como es su voluntad. Nuestro deber está en luchar por ser, cada vez más, lámparas puras por donde el Amor de Dios pueda llegar a todos los que no lo tienen aún y no saben donde buscarlo.

Nebai

El Verbo

Yo soy el Verbo Eterno, la Bondad sin fin, que derramo mis infinitas gotas de Amor sobre el alma cansada que me escucha.

Yo soy el Amigo Eterno, que siempre está ahí.

Yo soy la Verdad, Inmutable, Eterna.

Soy el fruto del Amor y enseñé siempre la Verdad.

Soy el ruiseñor que toca pacientemente a las puertas de todos y espero por siempre una oportunidad para poder actuar.

Soy la Vida, que es Eterna y Verdadera.

Soy el alimento, y quien coma de mí no tendrá hambre jamás.

Soy la Bondad; quien me busca y espera me tiene; nunca falto a esta promesa.

El Cristo espera pacientemente a que le llamen, a que le dejen actuar. El Cristo sólo exige a cambió el Amar; quien crea y ame verá al Cristo, y con Él llegará a ver la Verdad; quien no crea, ni ame, sólo verá tinieblas en sus días.

Yo, el Cristo, enseñaré la Verdad a quien me busque y le daré alimento Eterno.

El Cristo habla sin ser oído, sin ser seguido. Para escucharme, para seguirme, deja atrás tu propio bienestar y entrégate a mi Obra. Dadme una mano para ser vasija que reciba mi Luz para que ésta se irradie a todos, buenos o malos, justos o injustos, creyentes o incrédulos.

Yo, el Amor, os llamo. Golpeo con fuerza en vuestras vidas. Escuchad, comprended la Verdad: somos una misma familia, todos hermanos, todos uno.

Sed mi vasija en estos momentos. Dejadme alumbraros, dejadme irradiaros, escuchad mi voz, seguid mi camino. El Cristo se revela a quienes se han negado a sí mismos y quieren ser espejos de mi Luz, de mi Verdad. Los que me sigan serán los cirios del nuevo alumbramiento, donde el Padre y todos sus hijos serán una verdadera familia; todos Uno; todos felices.

Mi corazón sufre con vuestras vidas, con vuestra oscuridad, con los sacrificios sin sentido. Observaros, contemplaros, ¿sois felices?, ¿habéis logrado la paz?, ¿sois hermanos entre sí?.

Si la respuesta es no, recordad: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Yo soy la Bondad que se regala a quien la quiera tomar. En mí, vuestro corazón brillará por siempre. Seremos uno todos, la hermandad de Dios.

Sed mis pastores y guiad a sus ovejas donde Yo, el Cristo, pueda alumbrarlas; traedlas a mí y yo les daré Vida Eterna. Yo, el Cristo, lo aseguro: quien camine por mí no estará solo, yo seré vuestra Lámpara Eterna, vuestro Guía de Siempre.

Paz y Amor. Que el Padre celestial os guíe y bendiga. Hermanos de siempre, recordad: soy vuestro por los tiempos pasados, presentes y futuros. Mi amor está siempre con vosotros.

Ser Reflejos del Mensaje

El camino al reino de los cielos que yo vine a enseñar, nos lleva más allá de las estrellas del inmenso universo. Todos por derecho propio sois invitados a entrar en él; allí dentro, sólo la felicidad y el amor os espera. Sin embargo, para poder entrar se requiere que el alma sea ya esencia pura; vencidas las pasiones y la ambición que ciegan a las almas para comprender cuál es su verdadera naturaleza, el Amor.

El mundo exterior ha sido para todos un ambiente de violencia, de desamor, de conflictos, que ha hecho creer que el amor verdadero no existe. Los seres humanos crecen compitiendo con todos, ganándose su lugar por la fuerza y con injusticias; sin embargo, el alma no logra ser feliz pese a todos sus logros materiales.

Sembrar un camino donde el amor vuelva a florecer, donde todos seamos uno no es fácil. Por ello vine yo y muchas almas ejemplares que lograron demarcar con su sangre, con su sacrificio e infinito amor ese camino. Hoy, siglos después de tantos sacrificios, el camino ha perdurado pero pocos lo han verdaderamente seguido.

Los días venideros traerán la consolidación de nuestro sueño: ¡Toda la humanidad sentada a una misma mesa en cuya cabecera yace Dios, único regidor de nuestro destino!. Con esa idea, yo soñé muchas noches y sé que mis discípulos de todas las épocas lo han vislumbrado también. Hoy ya se percibe la consolidación de ese día donde el amor, la paz y la justicia renazcan para todos.

Pero no todos irán a esta cita. Ninguna ley obliga a nadie a caminar; es sólo el libre albedrío de cada uno, el que los lleva a andar los senderos que yo marqué con mi enseñanza. Pocos son los que hoy comprenden el mensaje; pocos, como los que se han sacrificado por el resto sin esperar recompensa.

Mi alma se conmueve al ver la oscuridad en que este mundo permanece, volviéndose, en ocasiones, más ciego y más egoísta. Hoy, ya no hay tiempo de sembrar de nuevo, es la hora de recoger la cosecha. Quienes aman de verdad, sean fuertes una vez más, y prepárense para cambiar su vida, entregándolo todo por el amor y mostrándoles el camino a los que aún no lo ven; ya sabéis que ésa es la esencia de la felicidad.

Los días venideros traerán muchas novedades para todo el mundo. Mis seguidores ya comienzan a despertar; yo les ayudaré desde aquí, llamándoles; serán todos uno y yo uno con todos. La esencia de mis discípulos es la perfección de las obras: la virtud. Con la virtud serán reflejos del Dios Amor, y llevarán el último destello de luz en la oscuridad reinante, antes de que amanezca para todos.

Todos debéis ser llamas vivas del mensaje del Padre; sed fuertes, sed reflejo de éste. Yo os ayudaré en todo; yo y mis ángeles estamos más cerca que nunca de vosotros, trayendo el mensaje y la luz del cielo, para alumbraros a vosotros primero y a todos a través de vosotros.

Buscadme en la oración, allí me encontraréis todos sin excepción. Sed lumbre viva, sed los heraldos del Padre, llevando su mensaje con obras y con la verdad en todo lo que hagáis.

Paz, Amor y Esperanza. Yo estoy con vosotros, no me he ido y no me iré jamás.

SEMBRAR EL MENSAJE

El mensaje es como una planta, nace en tierra firme y crece fuertemente; con los años, la semilla se ha trasformado en un árbol que en nada se parece a ésta.

Este árbol sirve de sostén de las aves y da su fruto a todo el que quiere comer de él; pero como todo en la vida tiene un fin, este árbol tiene que morir, y antes de morir arroja al viento nuevas semillas.

Las semillas llevadas por el viento van a caer a lugares inesperados; algunos son demasiado secos y otros demasiado húmedos, muchas semillas se pierden sin nunca florecer. El buen agricultor sabe tomar las semillas antes que el árbol desaparezca y las coloca en la tierra fértil donde podrán surgir de nuevo; muchas noches pasarán mientras estas semillas comienzan su lento despertar; muchos días pasarán mientras estas semillas crecen un poco más formando el árbol que yacía oculto en su interior.

Al principio el árbol es frágil; frágil porque no ha crecido. Pero un día, el árbol crecerá y su tallo frágil se tornará fuerte. Allí el árbol se volverá indestructible; tormentas pasarán, pero el árbol seguirá firme.

Pero los árboles también pueden podrirse, y se pudren desde adentro; lucen fuertes por fuera pero la podredumbre ya esta en ellos; y un día, en el silencio del bosque, cuando nadie espera nada, se oye un ruido agudo y el árbol cae destrozado; estos árboles no dan semilla y la madera tampoco es buena porque podrida se despedaza fácilmente.

Es hora de la gran siembra esperada por milenios. ¿Seréis capaces de sembrar árboles fuertes?, o ¿vuestra siembra serán árboles que se pudrirán después?, o, ¿árboles que nunca llegarán a ser grandes, porque serán arrancados de raíz en la debilidad de su etapa inicial?, ¿o árboles que ni siquiera nacerán porque vosotros no sabréis donde sembrar la semilla?

Semillas mal sembradas, semillas que se pierden.

Buenas noches,

Melchor de Horeb

BUSCAR LA SABIDURÍA

La Divinidad me concede breves minutos para esbozaros algo que debéis saber: el continente Lemur fue el primero que recibió la Luz Divina, a él llegaron todos los amadores del Cristo de esa hora; fue la primera gran siembra. La humanidad era un planeta muy joven y, por lo tanto, en breve tiempo, no se podía transformar el mundo en una sociedad avanzada, a duras penas se dejaron esbozadas las bases –pero la primera de ellas, y la más importante, fue la Sabiduría–; los flámenes surgieron, y han venido desde entonces hasta ahora (uno tras otro) continuando con la siembra en silencio –que es traer la Sabiduría de los Cielos a la Tierra–.

Después, la siembra continuó en la Atlántida, y todos los amadores fueron allá; en las puertas de oro de Manha Ethel, floreció al cien por cien la Sabiduría, nuevamente traída por todos los que, en ese tiempo, se sacrificaron para ser puentes de la Luz entre el Cielo y la Tierra; desde los profetas Blancos hasta los Dacktylos de la prehistoria, la Sabiduría fue llevada del Cielo a la Tierra, y la humanidad creció y desarrolló la Ciencia, el Arte y la Filosofía.

Después comenzó una nueva era, en el país de Mesopotamia y a orillas del Nilo, de nuevo los amadores fueron enviados y los espíritus de la Alianza del Cristo sembraron y establecieron las bases de una humanidad venidera; los Kobdas, con sus leyes sin par, fueron nuevamente los puentes, trayendo la Sabiduría de los Mundos de la Luz a los Mundos primitivos. Se establecieron las bases de las sociedades que, en el futuro, deberían albergar a todos los hombres de esta Tierra.

Ya en concreto, se eligieron dos lugares en la Tierra, que por su alto desarrollo, serían los portadores de la Luz hasta el final de los tiempos: India, donde se establecieron los Flámenes desde Lemuria y donde por dos veces bajó el verbo de Dios a alumbrar con su palabra el camino a seguir; y un pueblo nacido del deseo del Verbo de Dios, el Pueblo de Israel, que sería el precursor ante la humanidad de un nuevo Orden de ver a Dios, y de establecer el Amor entre los hermanos; el sello final del Verbo de Dios en esta humanidad ocurrió hace 2.000 años, y en esa hora, con su sacrificio, cerró un pacto que sería el comienzo de una doctrina conocida por todos, donde toda la Tierra se uniera en un mismo ideal, “El Cristianismo”.

En 20 siglos, los Amadores han seguido viniendo, han seguido sembrando, han seguido arando el camino; nombres pasan como estrellas por mi mente en esta hora, cada uno siendo el centro de un nuevo movimiento, de un nuevo cambio, de una nueva revelación.

En esta última hora de Jesús de Nazareth, fueron los Esenios los últimos en traer la Sabiduría a la Tierra; después fue la siembra de sus amadores. Pero la Sabiduría se ha ido perdiendo; lentamente, se han ido borrando los conceptos y hoy, cerca de final de ciclo, esta Sabiduría ha vuelto ha renacer, pero tergiversada y no de mano de los Amadores del Cristo, ni de los Espíritus de la Alianza, surgió, sí, de la manipulación de mentes inconscientes, y de espíritus oscuros, que quieren sembrar un nuevo orden, distinto al Verdadero y Eterno que el Divino Maestro en sus nueve venidas sembró con su sangre, con sus lágrimas y con su corazón, hecho pedazos por la inconsciencia humana –aquel que todos los mártires de todas las edades han derramado, no es el que se dará a conocer a la humanidad en este momento–.

Disfrazadas en conceptos espirituales, yacen las grandes mentiras, que sólo causan atraso y muy pocas veces avance, y aquellos que quieren levantar en alto la Verdad, se confunden y pierden validez ante una turba gigantesca de teorías que en nada llevan el hombre a la felicidad; las religiones modernas distan mucho de ser, realmente, caminos entre la Tierra y los Cielos, son más construcciones filosóficas que buscan definir un mensaje, pero que no logran traer la Sabiduría a la Tierra, la Sabiduría se pierde, porque muy pocos logran llegar por ella –por el alto precio que exige–.

Finalmente se dio el último de los pasos, que fue la escritura de los libros que conforman la Historia del Mesías en este planeta: Abel, Moisés y Jhasua aparecen resaltados de nuevo en las páginas de los libros que vosotros conocéis, pero esto aún no basta para llevar a la humanidad a la Sabiduría Verdadera –la obra no está completa–; es necesario aún sembrar más, es necesario aún buscar a la Sabiduría Divina que yace Eternamente esperando que almas suficientemente preparadas vayan por ella, para que esta Sabiduría sea entregada a la Tierra que la recibirá en la medida de sus capacidades.

¿Seréis capaces de ahondar en esa Sabiduría Divina y traerla de nuevo al mundo?

Gamaliel

Anuncios